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Pedro de Tena

SuperTrump

Que Maduro, éste sí un criminal demostrado, pueda tuitear con libertad mientras Trump es eliminado del servicio es vergonzoso.

Pedro de Tena
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Que Maduro, éste sí un criminal demostrado, pueda tuitear con libertad mientras Trump es eliminado del servicio es vergonzoso.
Cordon Press

En 1979, cuando yo estaba empezando a dejar de ser tonto y crédulo, un tema del grupo británico SupertrampA logical song, enamoró a la América de Jimmy Carter, un raro incauto demócrata antisistema, crítico de la opaca casta de Washington. En esa canción se comparaba la vida maravillosa de la juventud ingenua con la existencia que la educación establecida convertía en práctica y cínica. Se preguntaban quiénes eran y se mostraban temerosos de que, quienes les preferían aceptables e incluso vegetales,  les pudieran llamar “radicales, liberales, fanáticos, criminales”. Hay que reconocer que otro raro presidente anticasta, el republicano Donald John Trump, ha sentido cómo tales adjetivos le han bombardeado casi desde el primer día de su mandato.  

No he sido nunca un simpatizante de Trump, más que nada por cuestiones de genio y figura. Siempre me han disgustado sus maneras, su manía de  tuitero a tiempo o a destiempo, su comportamiento de rico maleducado, sus modos autoritarios cuando no caprichosos, la arbitrariedad que se deducía de sus apariencias, la soberbia, la altanería, la chulería en suma, algo impropio, me parecía, de quien acumulaba el mayor poder político del planeta. No, no era para mi el mejor ejemplo de quien debe ser el líder de lo que queda de las democracias.

Pero, claro, una cosa es esa y otra muy diferente convertirle en el SuperTrump del pecado, el golpismo, el infierno y la muerte, conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno. Del acoso y derribo de Trump me ha cabreado especialmente el que quienes le retiraban el uso de las redes sociales – poderes fácticos incontrolables -, presumían de defensores de las libertades junto al coro de grillos miserables que callan cuando un blanco es asesinado y gritan cuando lo es un negro.  Que Maduro, éste sí un criminal demostrado, pueda tuitear con libertad mientras Trump es eliminado del servicio es vergonzoso.

El último pecado de Trump – responsable en parte del asalto al Capitolio tanto como las ilegalidades demócratas -, es borrar todos los vicios  de todos los demás y todos los errores que han conducido al descrédito de la democracia. Lo del fraude electoral en las elecciones americanas está bien asentado desde hace mucho tiempo, pero ahora nadie querrá investigarlo. La mentira, la corrupción, la prevaricación, el asesinato consentido de los servicios secretos, el tráfico de influencias, la financiación ilegal de las campañas y los partidos…todo parece obra de Trump.

Sólo hay que ver El Padrino, o leerlo, o El Informe Pelícano o tantas otras descripciones, para darse cuenta de cómo ha degenerado desde Tocqueville una sociedad como la norteamericana. Otros títulos reflejan cómo las democracias europeas le siguen en sus comportamientos infectos. Pero nunca he visto cómo los más grandes poderes fácticos, de dentro y de fuera de América,  se aliaban de manera eficaz y permanente contra un presidente electo que, por cierto, no ha empezado guerras ni envenenado a nadie y ha logrado importantes acuerdos de paz en Oriente Medio. Pero, oigan, todo, oigan, se debe a la perversidad de Trump.

 Es más, ahora que lo pienso, los cercos al Congreso de los Diputados y al Parlamento andaluz por parte de las izquierdas radicales y el PSOE, también fueron inspirados por Trump. Abundo. Los casos Filesa, Ibercorp, ERE y demás corruptelas socialistas, así como los casos Gürtel, Kitchen y demás miserias populares, estuvieron inspiradas en Trump. El de los Morodo, el de la Neurona de Podemos, el de los Pujol y ciú, las mil y una asquerosas mentiras de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante la pandemia, todos fueron contagiados por Trump. Es más, el virus de Wuhan fue seguramente de origen trumpista que lo que quería era el anonadamiento por extinción de las democracias occidentales y de América. Rusia y China no. Trump es el diablo, así que todos los demás son angelitos.

Si esta absurda inmundicia sigue su curso, profetizo que un fantasma recorrerá las próximas elecciones en las terminales democracias americanas y europeas, el de un SuperTrump renovado y  fortalecido por sus estúpidos e hipócritas enemigos.    

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