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Percival Manglano

Menos giros y más competir

Una estrategia política ganadora en el centro derecha pasa necesariamente por celebrar la competencia, por abrazarla, por buscar sus beneficios

Percival Manglano
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Es evidente que la disgregación del voto en la derecha española ha tenido unos efectos perniciosos en términos de representación electoral: con un número de votos similar, el centro derecha ha pasado de tener una mayoría absoluta en 2011 a 147 escaños en 2019, muy lejos de la mayoría de 175.

Dicho esto, la división en el voto tiene un aspecto positivo que creo que todos los partidos de la derecha española (y, en particular, el PP) deberían empezar a poner en valor. Y es la introducción de la competencia. Una competencia que necesariamente va a llevar a mejorar la oferta electoral de los partidos políticos en España. O, dicho de otra manera, la división de la derecha presenta la oportunidad de competir en el mercado electoral con todos los beneficios que son intrínsecos a un sistema de libre competencia. Las crisis son siempre oportunidades.

Sería absurdo pensar que la competencia es buena para la economía, pero no lo es para la política. Es igualmente buena para la política por las mismas razones que lo es para la economía: porque fomenta la innovación, la escucha activa del consumidor/votante, la mejora continua de la calidad… Pero hay un beneficio de la competencia que destacaría por encima de todos: la exigencia que conlleva para buscar y corregir errores.

Los errores pueden taparse y sobrevivir en un sistema de monopolio, tanto económico como político. En un sistema de libre competencia es mucho más difícil que subsistan porque tus competidores se aprovecharán de ellos para quitarte clientes/votantes. Los monopolios son más cómodos, pero la libre competencia es más eficiente.

Ahora bien, todos los beneficios de un sistema de libre competencia derivan de un requisito previo: admitir que existe. Lamentarse por el monopolio perdido o, peor aún, basar tu programa en un "en busca del monopolio perdido" necesariamente llevará a perder más apoyos. El terreno de juego es el que es y no el que nos gustaría que fuese; hoy por hoy el votante de centro derecha puede elegir entre varias opciones y lo va a hacer sin contemplaciones (de hecho, ya lo está haciendo).

Por eso, la estrategia básica para un partido de centro derecha en España pasa por asumir que vive en un entorno de libre competencia en el mercado electoral. Esto no tiene nada que ver con pretendidos giros al centro o a la derecha que no son, en el fondo, más que tacticismo y marketing político. Tiene todo que ver con la calidad de tu oferta política, con tu credibilidad y con tu capacidad de comunicación y convicción. Es decir, se trata de girar menos y de competir más.

Es muy posible que el ganador de la actual competición electoral se encuentre dentro de unos años en la posición de predominancia que asegure una concentración del voto liberal-conservador en un solo partido y, por ende, la vuelta de un gobierno de centro derecha a España. Pero, para llegar a esa situación, primero habrá que competir y demostrar que se es mejor partido político que el rival.

Por todo ello, creo que una estrategia política ganadora en el centro derecha pasa necesariamente por celebrar la competencia, por abrazarla, por buscar sus beneficios. Olvidémonos de los lamentos y salgamos al campo a competir por el voto del votante de centro derecha. Hablemos menos de los perniciosos efectos de la división del voto (que existen, nadie lo duda) y hablemos más de por qué soy mejor opción política que el rival. Las futuras victorias electorales pasan, necesariamente, por asumir el esquema mental del competidor y abandonar el del monopolista.

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