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Ramón Villota Coullaut

Víctimas en negación

Hay ocasiones en las que la agredida declara ante el juez y obtiene la orden de protección que solicita, pero después rectifica y solicita que no se impida a su pareja acercarse a ella.

Ramón Villota Coullaut
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Con la agresión al profesor Neira cuando defendía a una mujer víctima de los ataques de su pareja hemos podido comprobar el problema que en muchas ocasiones se presenta en estos casos. Las víctimas no se reconocen como tales, algo que estamos cansados de ver en los juzgados. No es tan infrecuente como parece que una mujer denuncie a su pareja, solicite ante la policía una orden de protección y que, llegada la petición al juzgado, al día siguiente no desee ni declarar ni ver al médico forense. Tanto así que incluso rechaza el ofrecimiento de tener abogado en defensa de sus intereses para acusar a su agresor y posteriormente iniciar un proceso de divorcio o de guarda y custodia de los menores.

Hay ocasiones en las que la agredida declara ante el juez y obtiene la orden de protección que solicita, pero después rectifica y solicita que no se impida a su pareja acercarse a ella. En estos casos la respuesta de los juzgados se complica, puesto que si bien la mujer no quiere declarar en contra de su pareja, la fiscalía sí mantendrá la acusación, y si se produce la condena del denunciado –frecuente cuando hay un parte de lesiones– la sentencia lleva aparejada la prohibición de acercamiento y comunicación con la agredida. Con relativa frecuencia, el incumplimiento de la sanción es causado por la propia voluntad de la víctima, aunque tenga una sentencia a su favor.

De hecho, no son infrecuentes en nuestros juzgados los casos en que, producto de posteriores conflictos familiares o de cualquier otra cuestión fortuita (un viaje al extranjero, por ejemplo) se detiene al condenado por un delito de maltrato debido a que no cumple la sanción de alejamiento, y después nos enteramos de que el incumplimiento se produce por voluntad de la víctima. Esto ocurre, bien porque la víctima no ha querido declarar en contra de su pareja el día del juicio, bien porque la relación se ha reestablecido. En cualquier caso, esta situación dará lugar a otro procedimiento judicial, esta vez por quebrantamiento de condena.

Todo esto nos lleva a pensar que son las propias agredidas las que deben dar el paso de zafarse de esa citación de violencia hacia ellas, pero ante una citación durante la que la víctima no se reconoce como tal, poco se puede hacer en el plano jurídico. Y es una desgracia que haya tenido que ocurrir un hecho tan lamentable como el de la agresión al profesor Neira a manos de quien estaba golpeando a Sandra, la agredida, y que posteriormente ella haya acudido en defensa de su agresor, su pareja (es una "bellísima persona") para que nos fijemos en el problema de las relaciones humanas basadas en la violencia y el sometimiento, empero ni agresor ni agredida quieren, saben, pueden, poner fin a esa relación de dependencia.

Ramón de Villota Coullaut es abogado, puede contactar con él aquí.

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