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Ricardo Ruiz de la Serna

¿Qué pasará en Ucrania?

Los referéndums de Donetsk y Lugansk son un paso más en el desafío a la autoridad de Kiev.

Ricardo Ruiz de la Serna
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Si usted quiere pasar un fin de semana tranquilo, definitivamente debe evitar Ucrania Oriental como destino de vacaciones. Después del referéndum del pasado día 11, dos de las tres provincias del este del país se han declarado a favor de la autodeterminación con mayorías abrumadoras. En el caso de Donetsk, el 89,7% de los votos emitidos fueron favorables a la autodeterminación. En la región de Lugansk, el porcentaje se elevó hasta el 96,2%. En la provincia de Járkov, en la que se registraron incidentes hace días entre prorrusos y partidarios del Gobierno de Kiev, simplemente no se ha celebrado referéndum; se ha hablado de posposición pero las informaciones que llegan son contradictorias.

Ahora hay que analizar las consecuencias de las dos consultas realizadas.

En primer lugar, son un paso más en el desafío a la autoridad de Kiev, que ha sido incapaz de evitarlas a pesar del despliegue militar y los enfrentamientos entre paramilitares rusos y las tropas leales al Gobierno salido de Maidán. Es dudoso qué recurso les queda a Turchínov y Yatseniuk después de que la fuerza militar haya sido insuficiente para detener los dos referéndums. Sin duda, pueden continuar las acciones militares, pero los prorrusos han demostrado que pueden combatir y enfrentarse a las tropas de Kiev. Además, ahora los prorrusos se han revestido de una legitimidad democrática que, con todas las salvedades que se quiera respecto a la transparencia del proceso, servirá para cargar de razones al Kremlin en su política de impulsar la "puesta en práctica pacífica" del resultado de los referéndums.

Por otra parte, los prorrusos han anunciado que propondrán su incorporación a la Federación Rusa siguiendo el modelo de Crimea. En la práctica, se hará lo que decida Vladímir Putin, que una vez más parece ganarle la partida a Bruselas y a Washington.

En efecto, la Unión Europea sufre de una debilidad fruto de la división entre sus miembros. Los intereses nacionales están condicionando los pasos que Bruselas va dando para apoyar a Turchínov y Yatseniuk. Así, Berlín trata de mantener un delicado equilibrio entre la firmeza que exigen los Estados Unidos y el realismo de la balanza comercial Alemania-Federación Rusa: Berlín tiene intereses comerciales, empresariales y estratégicos en Rusia y hasta ahora no se ve por qué debería arriesgarlos por los miedos de Letonia, Estonia o Polonia, que a su vez también tiene sus intereses económicos con la Federación. La Unión ha condenado los referéndums y ha apostado por las elecciones presidenciales del próximo 25 de mayo en Ucrania, pero ha hecho poco más. Hasta ahora, las sanciones impuestas a rusos y ucranianos, así como a determinadas empresas, no han sido disuasorias.

En los Estados Unidos, las voces que piden mano dura con Putin chocan con la reticencia alemana, la vacilación europea y la incertidumbre de una política exterior que ha estado volcada mucho tiempo en Asia y Oriente Medio. La famosa inclinación de la política de Washington hacia el área del Pacífico y China tiene ahora un contrapeso en Europa Oriental. Obama se va aproximando al ecuador de su segundo mandato y a medida que pasen los meses será cada vez más importante quiénes puedan perfilarse como los candidatos a la sucesión. Otro conflicto exterior –caliente o frío– podría ser la receta perfecta para fracasar en las elecciones de 2016.

Sobre el terreno, los acontecimientos pueden desbordarse con facilidad. El siguiente capítulo programado del drama ucraniano serán las elecciones presidenciales del próximo día 25 de mayo, que presentan varios problemas. En primer lugar, qué mecanismos se van a arbitrar para que voten en Crimea, Donetsk y Lugansk a pesar de que Kiev no controla en absoluto el territorio de la península y lo hace solo de forma limitada en las dos provincias orientales. Además, hay que ver qué pasa en Járkov, que solo ha pospuesto el referéndum. La peor decisión que podría tomar Kiev sería asumir que ha perdido el control del territorio y renunciar al proceso electoral en los tres territorios.

Por fin, Moscú debe resolver sobre la petición de incorporación de Donetsk y Lugansk, las dos regiones que forman el territorio conocido como Donbas, la cuenca del Don. Esto puede llevar tiempo, por ejemplo hasta el invierno, cuando el suministro de gas sea crucial y se vea si las promesas europeas de exportar gas a Ucrania se cumplen. Además, al Kremlin podría interesarle que el Donbas continúe en el país con una población afín a Moscú y como colchón entre la frontera de la OTAN y la de la Federación. Eso podría ser más conveniente que motivar un impulso político a la solicitud de Ucrania de incorporarse a la Alianza.

Por ahora, el nivel político de la Alianza Atlántica ha optado por la distensión.

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