No es más que un leve indicio, pero conviene llamar la atención, no sea que se vuelvan a disparar las alarmas y cunda el pánico. Lo cuenta El Semanal Digital, que para estos asuntos parece tener una especial sensibilidad: El PP observa con respetuoso silencio la soledad de Aznar. Cierto que está cogido con alfileres, pero si lo han lanzado, parece sensato deducir que algo debe de haber. “Todos los dirigentes populares consultados (por este medio) expresan (sic) ser muy conscientes del grave daño que la crisis (de Iraq) hace al PP, de la falta de comunicación y del nerviosismo que hay en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas, donde los representantes del partido se sienten incómodos e incapaces de argumentar ante la presión a la que están siendo sometidos. Todos, igualmente, aseguran que Aznar "lo que hace lo hace por el bien de España", pero todos también lamentan que el presidente se haya encerrado en sí mismo (...). "Aznar ha lanzado un órdago y ya no tiene camino de vuelta. Veremos dónde acaba", afirmaba un preocupado alto dirigente popular muy próximo al presidente del Gobierno ayer mismo”.
Previamente, el artículo nos dice que Aznar había reconocido a Rato y Rajoy "el presidencialismo con que está gobernando esta situación excepcional" –la soledad del liderazgo que menciona una y otra vez– y expresado su gratitud al partido que es "el gran sacrificado" y que "observa con respetuoso silencio" las decisiones que debe adoptar en base a claves que a los demás escapan”. Si, al margen de la sintaxis del semanal, fuera así, si realmente lo creyera, que sus decisiones las toma basándose en datos que escapan al resto de los mortales, y muy en especial a los miembros de su partido, sobre todo a los que tienen responsabilidades en él, estamos apañados. Seamos serios, los síntomas apuntan simplemente a la anemia ideológica inherente al centrorreformismo, combinada con la desestabilización anímica que genera el pánico ante la sospecha de que se puede perder poder. ¿Tratamiento? Recordarles que, como dijo Julia Escobar, nadie dijo que fuera fácil, que para vivir de la mamandurria hay que ganárselo y, a veces, eso significa ir contra las ideas más generalizadas. Los errores, también en política, no se convierten en aciertos en función del número de personas que los sostengan.
Mucho más grave, referido a otro ámbito, es lo que insinúa Antonio Casado en El Confidencial “¿Está preocupado el Rey por la fractura entre el Gobierno de España y el sentir de los españoles?” Y es grave porque al leerlo hemos recordado la portada del semanario más testimonial de la izquierda, El Siglo, vista en el quiosco la semana pasada o la anterior, en la que su director, el veterano superviviente Pepe García Abad, sacaba al Rey a portada con un titular que hacía referencia a su marginación (lamentamos no ser más precisos, pero no conseguimos que se abra la hemeroteca de su página web).
Se cura en salud Casado, la veteranía es un grado y, antes de entrar en harina, dice: “Los estados de ánimo de don Juan Carlos no pueden ni deben ser ingredientes del guiso especulativo que se despacha a diario en los medios de comunicación”. Para lanzarse al vacío a renglón seguido: “Pero desde la alta magistratura que ostenta, en su poder arbitral y moderador del funcionamiento institucional, algo parecido al vértigo debe sentir al calcular las inciertas consecuencias de la posición oficial de España, que no se corresponde con la posición real de los españoles”. ¿Qué es esto? ¿Está infringiendo el autor la prudente norma enunciada en su párrafo anterior o está virando, en vano, el nombre de su Majestad al amarillo o al rojo?
Queremos pensar que se trata de lo último. Porque, puede, como el dice que se comenta en círculos políticos, que esté "preocupado por la fractura de la clase política y el flagrante divorcio entre el Gobierno y la opinión pública". Todo el mundo lo está. Pero de ahí a situar al Rey en las tesis de la oposición hay un largo trecho. Lo intenta salvar con dos citas, absolutamente formularias, de discursos oficiales –pronunciado uno en una cena de gala (no cuenta quién le fue ofrecida) y el otro en la tradicional recepción de año nuevo al cuerpo diplomático. Reza la primera: “España ejercerá sus responsabilidades desde su firme compromiso con los principios y valores de la Carta de las Naciones Unidas, consciente de que ésta atribuye al Consejo de Seguridad una competencia esencial para garantizar el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”. Deduce que “este párrafo (...) abraza de manera inequívoca la doctrina multilateral”. Qué pesadez con el fraudulento multilateralismo de marras. La segunda, en la que su Majestad se refería a la incorporación de España como miembro del Consejo de Seguridad, dice: “Seremos garantes de los principios y valores de la Carta de las Naciones Unidas”. Termina Casado su torticero artículo con un adorno: “Saquen ustedes mismos las conclusiones”. Pues que te has pasado, Antonio.
Se sigue hablando de la opa de Gas Natural sobre Iberdrola, pero no hay nada inesperado. Una buena y muy curiosa información nos recuerda la existencia de Ram Bhavnani, un indio nacido en tierras ahora pakistaníes y residente en las Canarias desde hace tiempo, cuya ocupación cotidiana es el comercio –seguramente todos habremos comprado algún reloj u otra baratija en su tienda o en otra surtida por él. Sus ahorros los ha ido poniendo en la Bolsa y, con riesgo y fortuna, se ha convertido en el propietario del 10% del Zaragozano. A propósito de lo que ocurre con este banco, El Confidencial ha conseguido sus declaraciones: “Me dicen que la operación ya está cerrada, que se ha vendido a Barclays” (...) “Creo que los Albertos han pedido 12 euros y que la operación se ha podido cerrar en los 11 euros que pedía Barclays, pero no sé nada más”. (...) “A ese precio hay que vender”. Con lo que obtenga, Bhavnani ya está pensando en el destino de su capital. Se lo rifarán, porque donde pone el dinero le sonríe la fortuna. Quienes se dice que la van a necesitar son los primos de la biutiful y la gabardina.
Sigue preocupando la salud mental de Garzón, que ayer se descolgó en la Ser ampliando las competencias de su TPI imaginario. En su auxilio se manifestaron también ayer varios catedráticos de Derecho Internacional que, como la fiebre del heno tras los inviernos lluviosos, vuelven. Recuperan en los medios la notoriedad perdida con la caída del Muro y otros acontecimientos conectados. Entre ellos aparece Antonio Remiro, con su aire de galán muy maduro, cuya capacidad sofística recordamos de cuando salía más por televisión, y un tal Roberto Mesa Garrido, que nos trae a la memoria los aromas de una juventud lectora de Cuadernos para el Diálogo. ¡Cuántas causas afortunadamente perdidas, sobre todo internacionales, se defendieron en aquella inolvidable revista democristiana! Ha de ser don Roberto muy longevo, pensábamos. Hemos ido a Google y hemos encontrado una página de la Junta de Andalucía en la que dice que nació en Sevilla en 1935. Está hecho un chaval, don Roberto, con esto de la guerra.
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