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Golpes de estado y de pecho

Alfonso Ussía ya está en La Razón. Con tanto éxito que en algún momento se ha caído el servidor de su página web, como a todos nos ocurre de vez en cuando. Anson le hace un retrato a la canela, en el que no falta, como no podía ser menos, su famosa elegía del abecedario.
 
Almodóvar con su capacidad de amplificación mediática lo difundió por todo el mundo, pero el bulo tuvo unos orígenes modestos. Alguien que ha tenido tiempo para rastrearlo, ha encontrado una temprana versión, de la madrugada del domingo en un foro aragonesista. En el asunto se habla de golpe de estado fascista,  pero el título es Intento de retraso de las elecciones por parte del Gobierno. El firmante se ampara en un apodo kaleborrokista, Jotake. Ya se sabe cómo se difunden estas cosas, uno se lo manda a su lista de correo, otro lo introduce en otro foro, desde el cual, a su vez. En algún momento, alguien le añade lo de la cadena Ser. El bulo sigue hasta llegar a Almodóvar, el cual le cuenta al mundo lo introducido por el delicuescente y delictuoso Jotake. Con los bulos ocurre lo de siempre, pero ahora se propagan a más velocidad. La esencia de los foros y de los chats es el anonimato, la impunidad con la que se pueden proferir las mayores barbaridades, lo que los convierte en un escenario donde huelgan y se enfrentan ángeles pugnaces contra demonios mutantes, de donde son expulsadas las personas sensibles y las que no tienen mucho tiempo que perder.
 
La fotografía de ayer fue la de Martín Villa junto a los Polanco tomando posesión de la presidencia de Sogecable. Antes, durante la ceremonia del traspaso de papeles, que no de poderes, don Jesús se había quejado del maltrato al que había sido sometida su familia empresarial, que desde ayer es, hasta cierto punto, la de don Rodolfo, el cual debería ir pensando en promover algún acto o gala de desagravio. Así se irá integrando y haciendo méritos para ser tenido por uno de los suyos, que no de los nuestros. El Semanal Digital ha encontrado un magnífico titular: Golpe de mano de Cebrián en los resortes claves de Prisa. Sólo que el texto parece el prólogo a una historia que no se cuenta.
 
¿Qué hizo la Ser durante el 12 y el 13 de marzo? En El Confidencial Digital dan la versión del director general, la cual no coincide con la percepción que tuvieron algunos oyentes.  
 
El otro acontecimiento que culminaba un día inolvidable, un broche de oro para una brillante ejecutoria mediática, fue el laudo por el pleito de Blas Herrero contra Onda Cero. Es un cúmulo de circunstancias superrealistas, disparatadas. Empezando por el contrato, que debería figurar en los anales del disparate empresarial y su autor encontrar un nicho en el pabellón de los gerentes infames. ¿Quién fue? Queremos rendirle homenaje. No muy lejos, aunque en una dependencia reservada a los exitosos debería tener su lugar don Blas Herrero, cuya capacidad para obtener beneficios con lo logrado mediante favores políticos es diabólica, sólo comparable con la que sus hasta ayer socios, y han sido varios, para hacer todo lo contrario. En el camino se queda la historia, falta de suficientes detalles, según la cual las partes habían llegado a una acuerdo por menos de la mitad, que fue rectificado por el tercer árbitro, presuntamente independiente. Es una lástima que el periodismo de investigación haya decaído tanto. Tanto la historia de Blas Herrero como la de Onda Cero son casos de estudio obligado en la asignatura llamada La corruptibilidad del poder.
 
Como tema de meditación, el panorama comunicativo del que se ha dotado el Partido Popular, el mismo en el que deja sumidos a sus diez millones de votantes, para su etapa de oposición que ahora comienza. La cosa parece sacada de un catálogo de invenciones masoquistas de masas.   

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