Si en estos momentos quisieran saber en breve cómo va lo de Cataluña nos pondrían en un aprieto. Veamos.
Como es sabido, el lunes pasado almorzaron juntos el señor Pujol y el señor Carod. ¿Cómo fue la cosa? Según fuentes de CiU, cuenta e-noticies, mal, no se entendieron. Otras fuentes, de las que nada más se nos dice, matizaron, sin embargo, que no había ido tan mal, pero que no parecía conveniente decir que la cosa había ido bien. Entendido, ¿no?
En esa misma página se nos informa de que el diario Avui, prácticamente un apéndice parásito de la Generalidad de Cataluña por la relación de dependencia financiera que mantiene con ella, apostaba ayer martes editorialmente por un pacto entre CiU y ERC. Desde el punto de vista económico –los succionadores de rentas siempre aspiran a mejorar el statu quo– procede el diario catalán con la máxima racionalidad. Al parecer, está preocupado y lo dice con una lengua de madera digna de ser observada: “estos días las presiones han aumentado de una manera mucho más constatable mediáticamente a favor del denominado gobierno de progreso”. Tras asegurar que Esquerra se iba a desgastar hiciera lo que hiciera, pero más si su decisión “impide que gobierne este país el partido que ha ganado las elecciones”, le hacía ver a los izquierdistas que la federación nacionalista –que es como en e-noticies se llama a la coalición en la que militan Pujol, Mas y Durán, la que ha asegurado en sus 20 años de gobierno la supervivencia económica del diario Avui– “no ha dado ningún motivo a Esquerra para que rechace la oferta”. Está claro, ¿no?
Si nos asomamos al Periódico –de Catalunya aparece muy pequeñito– sorprende que ninguno de sus temas de portada en la red se refiere al asunto, aunque en la de papel la cosa se formula de este modo: “Pujol redobla las presiones sobre Esquerra para que pacte con Mas”. En la tercera reunión entre ERC y CiU los negociadores encontraron escollos en temas de educación, política medioambiental (Plan Hidrológico), planificación territorial y lucha contra la corrupción, lo cual debía estar en el guión. Pujol ha hecho un comunicado y, tras recordarles que su electorado lo que quiere es más nacionalismo y más catalanismo (se sobretiende que no más izquierdismo), ante la obstinación de ERC de formar un gobierno en el que esté también el PSC, les dice que estupendo, pero que son ellos (ERC) quienes han de convencerles. Y les da una salida: ¿No quieren ahora? No hay problema. Gobernemos CiU y ERC, pero con la puerta abierta, siempre, para que si quieren se incorporen los socialistas catalanes. Volverán a verse mañana jueves.
La sibilina sugerencia de Pujol (si sigue así se van a molestar) es lo que destaca La Vanguardia: CiU propone a ERC formar un Govern abierto a la incorporación del PSC. A renglón seguido, lo explica por si había alguna duda: “Pujol pide a los republicanos que convenzan a los socialistas para lograr el tripartito”. Respondieron los izquierdistas aludidos, se nos dice, “sin mojarse más de lo estrictamente necesario”. El señor Benach aclaró sus intenciones impermeables: "que nadie se ofenda y que no se presuponga nada de entrada". Ni de salida. Para fomentar su fama de negociador sutil dijo: “No descartamos el tripartito CiU-PSC-ERC mientras sea aritméticamente posible”. Recuerda este diario la buenísima disposición que hay en estas reuniones por parte de los convergentes Duran y Macias –la frase que más repiten es: “no tiene por qué haber problemas”– , pero los izquierdistas Benach y Puigcercós no se fían y piden más y más documentación y que todo conste por escrito. Trabajo de desgaste, aunque con Duran lo tienen difícil. Ayer les propuso un referendo previo a proponer la reforma del Estatuto. Tampoco rechazaron de entrada crear una agencia anticorrupción, aunque CiU preferiría llamarla de control presupuestario y estuvieron de acuerdo en aspirar a una mayor transparencia de la gestión pública. Que no se diga que no hay buenas intenciones.
Pero empieza a extenderse la sensación de que los rituales preliminares al acoplamiento entre las fuerzas políticas catalanas están durando demasiado. Los de Convergencia y Unión no se explican por qué Izquierda Republicana no consuma el pacto. Pero para superar el dolor de testículos, que puede prolongarse, sólo se sugieren ejercicios de yoga y entrenamiento zen. Carod es un serio aspirante al título de mayor calientabraguetas (políticas) de Cataluña.
En resumen, la pregunta es si acabará acertando Piqué. La misma noche electoral dijo que la solución menos mala sería un gobierno en minoría de Convergencia hasta las elecciones generales, que están a la vuelta de la esquina. De momento, el jueves nueva reunión y el viernes a constituir el Parlamento autonómico.
Para los que aprecian los ejercicios de comprensión sin apriorismos ni digestión asegurada, pueden adentrarse en la lectura de La racionalidad de ERC, artículo firmado por Xavier Sala i Martín en La Vanguardia. Como se puede comprobar en su página, se trata de un profesor de economía liberal, en el sentido europeo del término, y catalanista. Sala parece ser, al menos en parte, el autor intelectual de la propuesta de un régimen fiscal para Cataluña similar al concierto vasco. Dice: “Hace muchos años que ERC entiende que el problema del déficit fiscal de Catalunya con España es la principal lacra económica que sufre nuestro país. Yo mismo he colaborado con ellos en algunos estudios (...). El sistema fiscal español extrae entre un 8 y un 10% de las rentas de los catalanes y lo reparte entre otras comunidades del Estado. (...) El déficit fiscal se perpetúa y, con él, se limita nuestra prosperidad.”
El resto del artículo lo dedica a disuadir a ERC de que puedan conseguir sus aspiraciones fiscales de mejora pactando con un PSC-PSOE al que pertenecen dos de los presidentes de las comunidades que más perciben de lo que se le detrae a Cataluña: Extremadura y Castilla-La Mancha. Tras la firma del pacto de Santillana del Mar, sinónimo de la reespañolización del PSOE, dice Sala, Maragall no puede hacer nada en ese sentido. A Bono lo llama “uno de los mejores profesionales de la neoespañolidad centralista y solidaria”. En resumen, el señor Sala tiene la receta para Cataluña: “lo mejor para ERC es consolidar su voto nacionalista e intentar atraer el voto socialista catalanista que pronto se verá desencantado por el giro españolista que realizará el PSOE. Y así quizá tendremos un país normal, con una derecha (CiU) y una izquierda (ERC) nacionalistas que dominan el panorama electoral, y dos partidos satélites (PP y PSOE) que miran el espectáculo desde el gallinero”. Como es liberal, en el sentido europeo del término, el nacionalista señor Sala no manda al PP y al PSOE al gulag, le basta con que se queden en los pisos altos, a ser posible calladitos y sin molestar. Conviene leerlo porque así terminaremos conociéndonos todos.