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Muere un águila dorada o Admira a vista de pájaro

Cada cual es víctima de sus debilidades. Aquí, nos pierde el talento. Si damos con él, nos atrapa y nos olvidamos de lo nuestro. Como un ramalazo nos ha sacudido esta mañana una información con la que vamos a arrancar aunque nos cueste una bronca. No, no vamos a hablar de la Canela fina de Anson, que sigue con su muy elevado tono medio, aunque, preciso es reconocerlo, ha tenido días más brillantes. Hablamos de una nota casi perdida, pero con un enorme potencial lírico, en e-noticies, que como ya saben nuestros lectores, es el primer confidencial on-line en catalán. “Muere un águila dorada electrocutada en una torre de Fecsa”, reza el titular. El hecho ocurrió el pasado 15 de febrero, “hacia las dos de la tarde”, se precisa, en un paraje cercano a Ulldemolins, en la comarca del Priorato. Iba de aquí para allá, como acostumbran las águilas a hacerlo cuando vuelan, hasta que se posó en una torre eléctrica de las que sostienen los cables de alta tensión, 25.000 voltios, mediante los que Fecsa-Enher abastace las necesidades de sus clientes. La rapaz acababa de hacer la peor elección para su solaz. Una descarga la fulminó y dio con su cadáver en el suelo, donde permaneció hasta que se hicieron cargo de él, como es preceptivo, agentes forestales del Baix Camp.

Hay otra nota de lirismo en e-noticies, la que nos informa –Off the record, sí– de que City TV, la televisión local barcelonesa, del grupo Godó si no recordamos mal, está emitiendo, una vez más, Heidi y con gran éxito de audiencia. Según han declarado a ese confidencial fuentes de la empresa, “la medida se enmarca en el deseo de potenciar este segmento de audiencia”. En el mismo sentido, los programadores de esta emisora han tenido la ocurrencia de “emitir un programa infantil a las 20,30, cuando las cadenas emiten sus informativos de tarde”. Lo dicho, aquí reconocemos el talento.

Pero, seamos realistas, dejemos la poesía y vayamos al asunto de hogaño, que no es de hoy, sino tema de conversación desde hace casi un mes: la compra por Rizzoli del 30% que Recoletos tenía en Unedisa, así como del 5% que todavía estaba en manos de cuatro ejecutivos de la editora de El Mundo. Ayer Expansión (y no vinculamos porque hay que ser suscriptor premium para consultarlo) reconvenía en uno de sus pequeños editoriales a los medios impresos y en internet por el posible perjuicio que le podrían haber causado las informaciones aparecidas sobre el asunto y según las cuales se iba a cerrar la venta por una cantidad que luego ha resultado ser casi la mitad de la pactada finalmente.

El confidencial había dado, el primero, la información. Ayer volvía sobre el tema sin demorarse en la diferencia y, como recordarán nuestros lectores, echamos en falta una explicación. Ya la tenemos. Su director, Jesús Cacho, en su sección Con lupa, responde, indignado, en un artículo de imprescindible lectura hoy, al editorial del periódico editado por el grupo Recoletos. En él, además de contar cómo le conoció y qué concepto tiene de su presidente, precisa: “El pasado 24 de febrero tuvimos noticia de que la operación de marras se había cerrado en Milán, y que el precio manejado como cierre había sido de 42 millones de euros. Ni uno más. Y porque nos fiamos de nuestra fuente, dimos la información que, además, pretendimos contrastar (sin éxito) con Jaime Castellanos”. Párrafo seguido, damos con el meollo de la cuestión: “Desde ese 24 de febrero al 4 de marzo en que oficialmente Recoletos comunicó la venta a la CNMV en Milán ha tenido lugar el milagro de los panes y los peces”. Aun a riesgo de pasar por irrespetuosos, aquí hay tomate. Para degustar todo su sabor, lo que dice, lo que calla y lo que insinúa, hay que leer a Cacho.

El resto de los medios, cada uno en su medida, que las hay muy diversas, también refleja el asunto. Así, Gaceta de prensa, una página modesta, pero voluntariosa, titula: “Los fundadores de “El Mundo” hacen caja” y precisa en su entradilla: “Pedro J. Ramírez, Alfonso de Salas, Balbino Fraga y Juan González se han embolsado 13,3 millones de euros al vender el 5% de las acciones de Unedisa”. Es un enfoque distinto de lo mismo.

Eulogio López no se anduvo con chinitas, no van con él, y lo formuló de este modo: Pedro J. Ramírez estudia su salida de El Mundo. Lamentablemente, el desarrollo de la información no está a la altura del titular: “se habla de su salida de la Dirección, aunque ésta, no nos engañemos, no es deseada por los italianos, que están preocupados por el futuro de un periódico cuajado a la medida del polémico periodista”. Finalmente, tras reconocer que poner en la calle un nuevo periódico no parece muy sensato, casi como que insinúa no se sabe muy bien el qué: “Pedro J., tras las dos ventas de paquetes accionariales de El Mundo, es un hombre rico. Y eso siempre es bueno para formar un equipo de socios”.

Trata de llegar más lejos con este tema El conspirador de la Estrella digital, donde, por cierto, buscando el staff nos enteramos de que han trasladado su sede, pero o no somos capaces o no hay modo de encontrarlo. Se habrá perdido en la mudanza. Como diría Erasmo: ¡Pablito! ¿estás ahí? Donde, desde luego, no parece que esté es detrás de este Conspirador, tan afamado antaño.

Titula "Recoletos vende" y tras un párrafo un poco embrollado donde no responde a la pregunta de qué podría hacer Recoletos con su caja y los propietarios con El Mundo, arranca el siguiente sembrando la confusión: “Rizzoli, Fininvest (Berlusconi) y Mondadori (Planeta), dice, son el tridente italiano en el mundo editorial español, bien relacionado con el actual Gobierno de Aznar y con pretensiones de continuidad y liderazgo en este sector”. ¿Mondadori (Planeta)? ¿Es una primicia o un patinazo? ¿Se refiere a la misma Mondadori que compró Grijalbo y que, junto con Random House, es ahora la denominación del sello editorial de Bertelsman? ¿A la misma que tiene desde hace años acuerdos con Fininvest, como los tiene con G+J, en Italia para editar diversas publicaciones? No puede ser. Mondadori es muchas cosas, también Rizzoli, pero no socio de Planeta. Basta con ir a las páginas corporativas para enterarse de que el socio italiano de Planeta es De Agostini

Pero dejemos al Conspirador con sus líos. La pregunta para la que nadie tiene, a día de hoy, respuesta es qué hará Recoletos con su liquidez, en un futuro difícil de precisar. Todas las miradas están puestas en Admira. Pero la caja de Recoletos no alcanza para hacérselo en solitario. De por medio, otro engorro, el 5% de Pearson, mayoría en Recoletos, que tiene Telefónica. El señor Lara, posado como un águila dorada sobre su torre de papel, tras cerrar la última ampliación –¿y van?– de La Razón, espera al fondo. Bertelsman, que se lo pregunten al señor Abelló, no está ahora para comprar televisiones, y mucho menos para operaciones tan enrevesadas como ésta. ¿Cisneros? ¡No serán capaces! ¿Y el Grupo Correo? Vaya usted a saber, porque o mucho nos equivocamos o, a estas alturas, ni ellos mismos lo saben, por más que al señor Bergareche le acaben de dar un premio, Emprendedor 2002. El del año que viene se lo darán, seguro, a quien consiga cerrar el asunto este de Admira. Y si no, al tiempo, que esto no da más de sí, por hoy.

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