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La estrategia Romiti

Un estratega italiano para El Mundo
Dice en un titular destacado El Semanal Digital : Romiti estudia una alianza entre Unedisa, Hachette y la Cope . No está mal, tiene suficiente inverosimilitud como para hacerlo excitante. Por si acaso, en el tercer párrafo se dice que “El panorama todavía está muy abierto”, o sea, que puede que sólo haya un papel, quien sabe si ni eso, que podría haberlo hecho el señor Romiti solito, quién sabe si tras una sobremesa con el señor Juan Caño en algún restaurante del Norte de Madrid, pongamos, o, quién sabe, acaso sea la propuesta de una consultora, previo encargo. El caso es que Romiti dijo en Expansión que buscaban socios y la pluma anónima de ESD corre en su ayuda y nos ofrece un patchwork muy aparente.

La cosa, en resumen, sería la siguiente: los italianos de RCS que tienen el 89% de la editora de El Mundo están dispuestos a repartir un 34% para implicar en Unedisa a otras empresas de comunicación. “Fuentes próximas a Unedisa” dicen que les han dicho que en la alianza podrían entrar los franceses de Hachette-Filipacchi (editora de Elle, Diez Minutos, TP, Quo, etcétera y propietaria de SGEL, una de las grandes distribuidoras de prensa). La cabeza franco-española es Juan Caño, un veterano periodista que aprendió el oficio en El Caso y en Sábado Gráfico, muy ambicioso, apasionado, al parecer como Romiti, de las estrategias, una afición a la que está entregado con capital francés desde hace quince años, más o menos. La tercera pata del banco es una emisora de radio. Dicen que si Romiti puedira elegir, sería La Cope.

Varios escollos. Uno, no el menor, Pedro José Ramírez. Aparte de su carácter, que no es el que se espera de un mercader, ha demostrado en diversas ocasiones que hacer un negocio con él, y no digamos hacerle un favor, es, a la larga, una operación de alto riesgo. Es lógico que los italianos no quieran prescindir de su persona al frente del periódico, hecho a imagen y semejanza suya, algo que incluso los más sufrientes de sus subordinados reconocen. Sería fantástico que se lograra una transición no traumática, al final de la cual El Mundo se hubiera desenganchado de su dependencia de Ramírez y éste hubiera dejado su despacho en la redacción y se dedicara a Dios sabe qué en otra planta de la empresa. Pero pensar eso es como jugar a la lotería.

Cabe la posibilidad que Unedisa y Hachette puedan encontrar terrenos sinérgicos, desde la distribución a la publicidad. El departamento de revistas de Unedisa funciona muy corto de gas, pero tampoco sería un obstáculo. La Esfera siempre se vería favorecida en los muchos quioscos de aeropuertos y estaciones de SGEL. Acaso rompiendo el trato actual que mantienen los franceses con La Razón de Lara se encontrara un nuevo camino para la gran idea aquella de Caño de multiplicar la audiencia de algunas revistas haciendo versiones B o entregándolas a final de mes con el periódico, aunque todo tiene su costo. Sin entrar en los detalles, parece que se abrirían amplios horizontes de colaboración entre ambas empresas si se encontrara la fórmula de encanje o de participación, lo cual, a la vista de los agentes implicados, sería una negociación tan apasionante como una partida de póker.

Lo que no se entiende bien es lo de la radio. No se ve claro, primero, qué pintan en esa alianza planetas de galaxias distintas, cuyas órbitas comerciales, aparentemente, no se encuentran. Y las dos emisoras que se mencionan, cuáles si no, hace todavía más difícil de creer el asunto. Prnoticias dijo el otro día que se podría haber llegado a pensar en vender Onda Cero, pero no estaba claro el fundamento de semejante rumor. No parece que sea una cadena asequible para los hipotéticos aspirantes con liquidez ni apetecible en estos momentos, a la vista de lo laborioso que está resultando el ERE de Antena 3. Pero más incomprensible todavía resulta la referencia a la Cope. ¿Se propondrá comprarle a Lara, antes de deshacer el acuerdo que tiene con Hachette en La Razón o como compensación, el porcentaje que conserva en la cadena de Ondas Populares? El panorama, como dicen en ESD, está todavía muy abierto. Si se empieza a cerrar por algún sitio, lo contaremos.

Viaje Real
Se confirma que los Reyes irán a Siria. ¿No se les podría haber encontrado un destino más improcedente? En algún sitio, para justificar lo injustificable, se habla de los negocios españoles allí, pero con ello se agrava todavía más la cosa.

Latigazos de canela
Anson elogia, moderadamente, al Tribunal de Cuentas y alancea a los partidos por lo mucho que despilfarran, por lo mucho que arramblan de nuestros impuestos y por lo muchísimo que se embolsan por otras vías. Recuerda una anécdota casi olvidada, un beso en la mejilla de Fraga: “En plena euforia del triunfo socialista, Fraga se sintió en manos de la CEOE, que le movía la silla. El veterano político decidió entonces acordar con González una ley de financiación que permitiera a los partidos no depender de nadie y desembarazarse de las deudas”. Piensa Anson que fue un error e inicia un crescendo paroxístico: “si un partido ingresa cien gasta doscientos, pero si ingresa doscientos gasta cuatrocientos. (...) Apenas hay límites en los partidos para dispendios, edificios, campañas publicitarias, viajes, banquetes, consulting, encuestas, enchufados, asesores y demás camelancias. Pagan los ciudadanos, pues a gastar, a gastar, a gastar. Es lo que hacen las Cortes, el Gobierno de la nación, los gobiernos autonómicos, los ayuntamientos. Todos despilfarran, encantados de la vida. Los españoles que trabajan tienen que pagar, a través de unos impuestos confiscatorios y abrumadores, directos e indirectos, el despilfarro de la clase política instalada en el lujo y el hedonismo”. Reforma del despilfarro titula su canela don Luis María Savonarola Smith y de Asís.

Un chiste de catalanes
Un chiste catalanista, para desengrasar y para que se perciba el taranná de e-noticies el diario electrónico de referencia en catalán.
Dice uno de los monos, borroso, pero con sonrisa y bigotillo:
“Y ahora una subvención a la Fundación de la División Azul... que se la merecen...”
Dice el otro, sombrío, pero malencarado:
“Y si le damos una al Institut de Estudis Catalans que le toca por ley...”
A lo que le responde el primero:
“No... la democracia tiene un límite...”
Sutil, ¿no?

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