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Santiago Navajas

El político mejor valorado

Rivera es un exponente de que España puede avanzar mirando a las democracias liberales de Dinamarca o Suiza y no a Venezuela o Ecuador.

Rivera es un exponente de que España puede avanzar mirando a las democracias liberales de Dinamarca o Suiza y no a Venezuela o Ecuador.

En la última encuesta publicada sobre la situación política en Andalucía destaca que el político mejor valorado por los andaluces sea Albert Rivera, el líder catalán de un partido, Ciudadanos, que, habiendo sido creado en Cataluña, está ampliando su radio de acción a toda España con un discurso reformador aunque no rupturista de las instituciones existentes, en el que prima la apelación a la unidad de todos los españoles dentro de la diversidad de lenguas e idiosincrasias culturales y con un corte ideológico en el que lo liberal en lo económico se articula con una visión solidaria de los problemas sociales, dentro de los parámetros del mercado de bienestar.

Albert Rivera es el equivalente español de la nueva hornada de políticos europeos, de Manuel Valls o Matteo Renzi -en Francia e Italia, respectivamente- a Donald Tusk o David Cameron -en Polonia y Gran Bretaña-, que están sobrevolando las anteriores dicotomías de izquierda y derecha para proponer un paradigma de apertura mental en el que prima un pragmatismo económico orientado por valores humanistas. A despecho del cinismo de la generación precedente -para la que valían igual los gatos blancos o negros con tal de que cazasen ratones, de Felipe González a George W. Bush-, los nuevos líderes de partidos socialistas, conservadores o liberales son capaces de adaptar sus principios ideológicos a la realidad de las evidencias. Así, los líderes socialistas de Francia e Italia han sido capaces de embarcar a sus países en unas reformas económicas de corte liberal para arrojar todo el lastre estatalizador e intervencionista que el que los anteriores Gobiernos las habían encadenado. Por otro lado, en Gran Bretaña Cameron ha articulado una política social avanzada en la que, por ejemplo, ha sabido articular una defensa del matrimonio homosexual desde un punto de vista de filosofía conservadora, sosteniendo que la derecha siempre ha defendido la institución de la familia como el pivote central de articulación de la sociedad, por lo que lo lógico desde dicho presupuesto sería apoyar la emergencia de nuevas familias, de las monoparentales a las surgidas del matrimonio homosexual.

En dicho contexto, no es de extrañar la emergencia de Albert Rivera, en quien el cuidado por la imagen -chaquetas slim fit, pantalones vaqueros, color naranja de su formación política- va combinado con un discurso poderoso, a contracorriente del mainstream nacionalista y populista. Campeón nacional de natación y de debate en tiempos universitarios, mens sana in corpore sano, Rivera es un exponente de que España puede avanzar hacia la regeneración mirando a las democracias liberales de Dinamarca o Suiza en lugar de a las populistas de Venezuela o Ecuador, con los españoles remando en la misma dirección, hacia una mayor libertad y prosperidad, en lugar de perder el tiempo en divisiones cainitas, a las que animan los narcisistas de las diferencias. Ahora el destino está en manos de los electores.

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