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El faisán se arrastra

Las víctimas del terrorismo no esperan abrazos ni caricias por parte de la Justicia, pero merecerían que ésta les tratase con algo más de respeto.

Teresa Jiménez Becerril
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Hace unas semanas dije que el faisán volaba bajo y lo que no sabía era que acabaría estrellándose contra el muro de la vergüenza y de la indignidad. Así nos hemos quedado la mayoría de las víctimas del terrorismo al escuchar la sentencia a los policías que dieron el chivatazo en el bar de Irún. Revelar secretos a quienes se dedican a poner bombas y disparar por la espalda es algo muy serio, y debería caer todo el peso de la ley sobre quienes lo hacen. Pero esta vez el peso de la ley ha sido un peso pluma, totalmente desproporcionado con la gravedad del delito.

Reconozco no entender la interpretación del juez, cuando exculpa a los acusados de colaboración con los terroristas para luego decir que su actitud fue guiada por la finalidad de no entorpecer el proceso en marcha para llegar al fin de ETA. Que yo sepa, ETA aún siguió asesinando después del chivatazo, y además se puso en peligro la seguridad de los españoles, que llevamos tantos años sufriendo el terror de estos asesinos. Con billetes idénticos a los que se llevaron de vuelta los terroristas se pagaba a informadores, pistoleros, colaboradores del aparato del terror que tanto llanto nos ha hecho derramar. Por tanto, siento de nuevo deseos de llorar cuando veo cómo el "aquí no pasa nada" es lo que impera. Se da carpetazo disfrazádondolo de deber cumplido y el resultado es que quien dio la repugnante orden de avisar a ETA de que estaba siendo vigilada estará sonriendo ante su jugada maestra, y quienes llevaron a cabo dicha orden, aplaudiendo una sentencia tan benévola que les permite pasear, aunque sea con la cabeza agachada, cuando se crucen con una victima.

Todo se sabía, como se sabe la mayoría de las decisiones que tienen que ver con este desolador final del terrorismo de ETA. El lunes tendremos encima de la mesa la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la Doctina Parot y, si Dios no lo remedia, será otro bastonazo en las costillas de las víctimas del terrorismo, quienes no esperan abrazos ni caricias por parte de la Justicia, pero merecerían que ésta les tratase con algo más de respeto.

Si avisar a ETA para que se retirase porque había una operación policial en marcha contra ella no es colaboración, pues o yo no entiendo nada o aquí se ha querido volver lo blanco, negro; para, digamos, no entorpecer el curso natural de la historia de ETA. Humillación, dolor, injusticia y decepción para las víctimas y comprensión y acercamiento para todo aquello que avanza en la buena dirección, es decir en la que se premia a ETA, ayer revelándole un precioso secreto, mañana aliviando las condenas de sus presos y pasado... no lo quiero ni pensar. Mejor lo dejamos aquí.

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