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Victor  de la Serna

Liberalismo, educación y cultura

Para vencer ese muro de silencio o de ambigüedad que otros colocan a su alrededor, el liberalismo depende hoy de un esfuerzo ingente de información.

Victor  de la Serna
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No lo tenemos fácil los liberales. Nos definen otros, juegan con nuestro propio nombre, y éste acaba significando cosas radicalmente diferentes en lugares distintos: en Estados Unidos 'liberal' significa casi lo mismo que en la Europa del Norte 'socialdemócrata', y allí nos cambian la identidad a 'libertarian', pero si con eso regresamos a Europa nos encontramos con que un 'libertario' es un anarquista... o quizá no, porque nos saldrán también con socialistas libertarios como Proudhon y comunistas libertarios como Bakunin.

No es baladí esta indefinición, porque así se difumina el mensaje liberal, y no digamos cuando se le agregan prefijos al nombre: 'neoliberal', para algunos críticos desde la izquierda, acaba siendo un latiguillo que, en realidad, es para ellos un sinónimo de 'neoconservador' (o 'neocon', su abreviación sajona), es decir, ese egoísta y desalmado culpable de todos los males modernos al haber impulsado una desregulación abusiva, madre de abusos, monopolios y burbujas.

Esa niebla, a veces interesada, tiene bastante que ver con la dificultad de trasladar los conceptos liberales a la arena política: muy pocas veces han logrado los liberales en Europa fuerzas electorales capaces de optar a dirigir gobiernos: los liberales alemanes, los liberal-demócratas británicos tradicionalmente se contentan con un papel de partido-bisagra al que puedan acudir los de la derecha conservadora o la izquierda socialdemócrata cuando no alcanzan la mayoría parlamentaria. Y es que los mensajes más simplistas de derecha o izquierda suelen resultar más cómodos de asumir que el de la libertad y la responsabilidad individuales como valores supremos de una sociedad civilizada.

Vivimos en una era en la que, tras los absolutismos, la idea de libertad individual sigue incomodando a quienes aspiran al poder y, por ello, al control de las masas. Otros derechos o pseudoderechos se han colocado por delante de los derechos individuales: los de los grupos, los de los territorios, los 'históricos'...

Para vencer ese muro de silencio o de ambigüedad que otros colocan a su alrededor, el liberalismo depende hoy de un esfuerzo ingente de información, de educación, de cultura. Un ignorante no puede ser liberal, y en un país metido en una larga y profunda crisis educativa como es España, menos. Por eso los tres lustros de Libertad Digital significan tanto para nosotros. Una iniciativa privada, sin duda con muy modestos ánimos de lucro, ha propulsado lo que es, a la vez, un gran periódico en la Red y un vehículo único en nuestro país y nuestro idioma para el debate, la información y la formación en torno a la idea fundamental de los derechos individuales. Que siempre conllevan responsabilidades individuales.​

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