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Entrevista a J. Ignacio Rasco

Fundador de la Democracia Cristiana Cubana

Por Víctor Llano

José Ignacio Rasco es Presidente de Honor y Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Demócrata Cristiano de Cuba en el exilio. Conoce a Fidel Castro desde que ambos estudiaban con los jesuitas en el colegio Belén de La Habana. Rasco ha sido profesor, periodista, economista y ha escrito una docena de libros. Sin embargo, siempre ha encontrado tiempo para dedicarlo a la política y denunciar los crímenes del régimen comunista.

“Castro hablaba de hacerse con el poder, pero nadie le tomaba en serio; para todos era un gangster, un loco que en cualquier momento podía morir en alguna de las muchas reyertas en las que participaba”

Libertad Digital: ¿Cómo era Fidel cuando tenía 15 años?

José Ignacio Rasco: A pesar de la leyenda que luego le han inventado, era un chico tímido que escapaba de las peleas. Tenía una gran facilidad para memorizar todo lo que leía, pero nunca fue un buen estudiante. Sólo destacaba en los deportes. Jamás hablaba de sus padres. Venía de una familia con dinero, pero sin lo que entonces llamaban “clase”. En el colegio Belén los alumnos pertenecíamos a la clase media o media alta; Fidel no. Se mostraba resentido y acomplejado. Fue por eso que puso un gran empeño en destacar en algo. Al contar con mucha aptitud para el deporte, insistió en triunfar en ese campo y lo consiguió. También le gustaban las armas. Cuando apenas tenía dieciséis años ya llevaba pistola. Uno de los jesuitas que nos daban clases se la quitó.

L.D.: Fue también su compañero en la Facultad de Derecho de La Habana.
J. I. R. Sí. Incluso fuimos amigos. A pesar de ser ya un gangster logró superar todas las asignaturas. Y no lo hizo a punta de pistola. Ese es un invento más de los muchos que han circulado. Nuestros profesores no eran muy exigentes y Castro se sirvió de su admirable memoria para licenciarse.

L.D.: ¿Le interesaba la economía?
J. I. R.- Ni le interesaba, ni tenía la más remota idea de economía. Lo que sí recuerdo es que ya entonces admiraba a todos los dictadores, desde Stalin a Hitler, pasando por Franco. Su capacidad para odiar la concentraba en los Estados Unidos. Alfredo Guevara, un comunista rabioso, influyó mucho en él. En contra de lo que muchos piensan, Castro ya era comunista desde el año 1948. En la Universidad hablaba de hacerse con el poder, pero nadie le tomaba en serio; para todos era un gangster, un loco que en cualquier momento podía morir en alguna las muchas reyertas en las que participaba.

L.D.: No todos los gángsteres mueren jóvenes.
J. I. R.Todos nos equivocamos con Fidel. Incluso, durante los primeros años de su gobierno, eran muchos los que pensaban que no podía durar, que sería fácil derrotarle. Sin embargo, ya ve usted, han pasado más de cuatro décadas y nadie ha conseguido apartarle del poder.

L.D.: ¿Cuándo comenzaron sus problemas con el coma-andante?
J. I. R.Después de fundar el movimiento demócrata cristiano y de que me invitaran a un programa de televisión. Allí me preguntaron cómo siendo amigo de Fidel no cooperaba con el proceso revolucionario. Yo contesté que no estaba en el gobierno porque ni de pequeñito me había gustado jugar con pistolitas de agua. Esta frase encabronó mucho al que ya era Máximo Líder y ordenó que me hicieran caer en una trampa para poder acusarme de conspirador. Por fortuna, un amigo que trabaja en los servicios secretos del régimen me avisó de sus intenciones y antes de caer en el engaño me pude refugiar en la embajada de Ecuador. Castro no podía consentir que un antiguo compañero se burlara de él en televisión. No podía tolerar la existencia de un movimiento demócrata cristiano, organización política que sólo se nos permitió inscribir como asociación cívica. Afortunadamente, gracias a la ayuda del embajador ecuatoriano en La Habana, conseguí escapar de la isla y continuar con mi lucha en el exilio.
L.D.: Lucha que aún no ha abandonado.
J. I. R.Después del fracaso que sufrimos en Playa Girón todos nos dimos cuenta de que la tiranía iba a durar más de lo que pensábamos. La administración norteamericana, lejos de ayudarnos, provocó nuestra derrota. Nuestros supuestos amigos no querían que el resto del mundo les acusara de intervenir decisivamente en Cuba. La traición de Estados Unidos nos hizo mucho daño. Aún sufrimos las consecuencias.

L.D.: Si sólo la muerte es capaz de apartar a Castro del poder, los que han sido sus cómplices cuentan con muchas posibilidades de lograr que sus crímenes no sean juzgados.
J. I. R.Es probable que Castro muera en la cama. Entonces será su hermano -un hombre que ha demostrado mucha astucia y capacidad para la organización- quien herede su puesto. Sin embargo, se verá obligado a permitir cierta apertura. Después de morir Fidel, Raúl no será capaz de sobrevivir sin permitir a la escasa sociedad civil y a la disidencia cierta capacidad de participación. Será entonces cuando nos daremos cuenta de la importancia que tiene la iniciativa de Oswaldo Payá y de todos aquellos que corriendo un gran riesgo se han enfrentado al régimen comunista. Desde fuera de Cuba se podrá hacer muy poco. El exilio tendrá que conformarse con enviar ayuda económica, pero las decisiones importantes han de tomarlas los que están allí.

L.D.: Usted como Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Demócrata Cristiano de Cuba en el exilio -organización que pertenece a la Internacional Demócrata Cristiana que preside José María Aznar- se ha reunido hace pocos días con el presidente español en Corfú. ¿Le ha preguntado por qué siendo España el país que más invierte en Cuba, su gobierno niega el asilo a los que huyen de Castro?
J. I. R.No. No hablamos de ese tema.

L.D.: ¿De qué hablaron?
J. I. R.Aznar se comprometió a escribir a las autoridades cubanas y pedirles que permitan a Payá recoger el premio Sajarov. El presidente del gobierno español quiere hacer todo lo que esté en su mano para que en Cuba se produzca una transición democrática.

L.D.: Hasta ahora no ha tenido mucho éxito.
J. I. R.Nadie ha tenido éxito.

L.D.: Al menos usted lo ha intentado. ¿Cuándo cree que podrá regresar a Cuba?
J. I. R.No lo sé. Si Fidel muere antes que yo, quizás pueda ir de vacaciones. Pero aún después de que muera Castro, pasarán muchos años antes de que los cubanos puedan vivir en democracia.

L.D.: No parece usted muy optimista.
J. I. R.Ni optimista, ni pesimista; pero creo estar bien informado. Se necesita mucho tiempo para reconstruir una sociedad civil. Hay que tener paciencia y hacer bien las cosas.

Entrevista realizada por Víctor Llano para Libertad Digital

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