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Zoé Valdés

De Gaulle y Messi

Nadie había reunido tantas multitudes en tan pocas horas, nadie había despertado tanto interés desde el general.

Zoé Valdés
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Leído en las redes sociales: "De De Gaulle a Messi". Lo escribió una joven francesa en Twitter asombrada, y arrobada con el impacto que ha provocado la llegada de Messi a París; otros la siguieron: "Ni los Beatles…".

Nadie había reunido tantas multitudes en tan pocas horas, nadie había despertado tanto interés desde el general Charles de Gaulle. Todos absolutamente enloquecidos con la presencia del argentino junto a su familia. La prensa –lo que nunca– eufórica y descontrolada. Bien por el jugador, y bien por el PSG. Francamente, si eso hace feliz a la juventud, si eso cambia las mentalidades hacia algo positivo, por qué no. Si además eso hace que Messi prospere en su carrera, qué mal habría en ello…

No he sido muy amante de Charles de Gaulle, porque para comprender al político hay que conocer bien la historia de Francia, sus resquicios, durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Poco a poco me voy entendiendo mejor con esa imponente personalidad, con la enorme y pesada huella de su paso por la historia de este país, en la medida en que voy integrándome mejor como protagonista en su historia.

De modo que he ido introduciéndome en el personaje por amor a Francia, a su discurrir, en su pensamiento; y también por desprecio a ciertos momentos de esa misma enrevesada historia. La vida es compleja, no es sólo de amor vivimos, cada vez más de odio, eso sí… Aunque no lo sintamos, pero nos veamos envueltos y perturbados por el odio ajeno.

Comparar a Messi con De Gaulle me pareció más que curioso y enternecedor; aunque no sólo sea por la afluencia de admiradores, también porque a mí con Messi me ha pasado casi lo mismo que con De Gaulle. Del obligado desinterés por temor a las dependencias extremas, al interés más preciso y exhaustivo.

Debo confesar que me había alejado del fútbol desde el célebre cabezazo de Zizou Zidane, también tras advertir el mal olor del negociete por doquier. Volví al fútbol por amor, y entré en el universo Messi por más amor.

Desdichadamente, ahora me siento incapaz de apartarme, incluso si también por amor debiera hacerlo, imitar, colaborar con los sentimientos del otro. Pero también respeto demasiado a los grandes caracteres y, finalmente, sí, Messi y De Gaulle tienen eso en común, aunque se note poco, apenas: una timidez, una fuerza arrolladora, un ir hacia delante en un impulso de vida y de deseo cuando todo pareciera estremecerse y derrumbarse.

No pienso rumiar contra Messi, ni tirarle paletadas. Que si no habla francés, o que si por el contrario lo hablará cuando nunca o casi nunca dijo algo en catalán… A fin de cuentas, el francés es un idioma reconocido, con una literatura, con una poesía, con un resorte histórico imperecedero que lo respalda y resguarda. No pienso traicionar lo que empecé a apreciar por amor, porque otros ahora decidan despreciar, y hasta odiar. No es mi estilo hacer fosforillo del carbón extinto, o leña del árbol caído (que no es este el caso).

Por la misma razón que considero que el mejor momento de Charles de Gaulle fue cuando debió enfrentar a los energúmenos de Mayo del 68, todos en la actualidad aferrados al poder y a sus ególatras convenciones individualistas, más que a las convicciones colectivas de antaño; por esa misma razón de lealtad al conocimiento, no pienso arrastrar al jugador por el lodo del olvido.

Sólo puedo desearle suerte a Messi en el PSG y éxitos a su familia. Lo mismo al Barça, gran equipo con él y sin él. Lo disfrutaron allá, y él disfrutó. Ahora tocará a otros redescubrirlo, de muy cerca, y a él redescubrir otro mundo… E ir de l’avant!

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