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"El ícono"

Ahed Tamimi no es un "ángel", ni debiera ser calificada como "ícono" de nada. No es un ejemplo para la juventud de ninguna parte.

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Zoé Valdés

Algunos periódicos la llaman "el ícono" de la resistencia palestina, otros incluso la tildan de "ángel", haciendo de ella todo menos lo que en verdad es: un demonio.

Pudimos verla en un vídeo abofeteando a un policía israelí, quien aguantó impávido, mientras a pocos metros la madre palestina instigaba a su hija a seguir galleteando y apedreando. Todo un modelo de madre, sin duda alguna.

"El ícono", "el ángel" y no sé cuántas exageraciones más se llama Ahed Tamimi, y fue condenada al encierro durante ocho meses en una cárcel israelí para adolescentes, debido al hecho que se pudo probar sobradamente de que agredió físicamente a un policía. Lo que es penado por la ley en cualquier parte del mundo.

Que se le ocurriera agredir a un policía castrista con una mera palabra, para que viera lo bonita e "icónica y angelicalmente" que iba a desaparecer, y por mucho más que ocho meses. O que lo hiciera con un policía francés, que la detención, garde à vue, no se la quitaba nadie de la pelambre estropajosa, y el abogado no conseguiría jamás su liberación por menos de 500 euros.

Pero, de cualquier modo, la prensa, esa prensa ya tan babeada y manoseada, sigue encumbrando a esta pendenciera y a los pendejos que como ella se dedican a convertir la guerra terrorista y sobada de Hamás en discurso de "paz", de cara a que la ONU, cómo no, los convierta en héroes, y seguidamente a extender la mano, alcancía mediante.

El "ángel" no es tan ángel, y no merece ni una milésima de segundo ese adjetivo, y mucho menos el de "ícono"; como no sea el de jefa del siniestro pandillerismo palestino.

Un amigo me ha escrito lo siguiente: "Los del trapo a cuadros son expertos en crear falacias y en venderlas como dogmas. Pero qué se puede esperar de una individua [el "ícono" de marras] cuya prima se inmoló en una pizzería matando a un montón de inocentes, y que es recibida por otro criminal que cuando estaba al frente del FDLP ordenó el ataque a Maalot, en cuya escuela murieron masacrados 28 niños y otros 80 resultaron heridos. Pero como eran niños judíos, a nadie le importaron".

Pues ahí tienen ustedes, los antecedentes familiares y amistosos del "ícono", ese "ángel" que pareciera que no rompe ni un plato, pero no sólo rompe uno, sino que destroza la vajilla completa, además es capaz de golpear a policías para conseguir el espectáculo que consiguió, ser tratada como heroína, y además pasarse unos ocho meses en una cárcel, donde, si juzgamos por cómo la hemos visto al salir, seguramente desayunaba, almorzaba y cenaba mejor que en su propia casa.

Ahed Tamimi no es un "ángel", ni debiera ser calificada como "ícono" de nada. No es un ejemplo para la juventud de ninguna parte. No es más que una revoltosa agresiva, con un odio descomunal dentro de su persona, y muy peligrosa para la libertad y la paz. Es, como ya hemos visto en otros casos, y en otros pueblos, una sembradora de odio más, que no dudaría ni un segundo en ir más allá de abofetear a un policía, lo que se nota en el brillo mortífero de su mirada, y en ese odio que sólo transmite este tipo de gente –los del mantel cruzado en las cabezas–, criada mamando del odio que le han inculcado sus irresponsables padres, familiares y amigos.

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