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Zoé Valdés

El rey y el verdugo

El rey Don Juan Carlos ha dado muchas satisfacciones a los españoles, la primera y fundamental: la de la defensa y respeto a la Constitución.

Zoé Valdés
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El rey Don Juan Carlos ha dado muchas satisfacciones a los españoles, la primera y fundamental: la de la defensa y respeto a la Constitución.
El rey emérito, Juan Carlos I | Gtres

En mi historia, en esta historia de hoy, el rey es, como no podía ser de otra manera, Don Juan Carlos, y el verdugo es la Hidra de dos cabezas: la de Pedro Sánchez y la de Pablo Iglesias; a veces tiene tres, la de la tarrúa MinistrE de IgualDá.

En esta historia, la mía, están mi experiencia en Cuba bajo el comunismo y mi experiencia en el exilio, donde volví a ser persona, gracias a España y gracias al rey de España, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, que me hizo española por carta de naturaleza, y que me permitió después seguir en Francia.

Un rey, un hombre. Con todo lo que significan esos dos epítetos.

En mi historia, reitero, gente como Pedro Sánchez y Pablo Iglesias conduciendo a España hacia la debacle –pidiendo, el segundo, el fin de la monarquía constitucional– no es más que la misma basura que destruyó un país maravilloso como lo fue el mío, y ahora pretende destruir España con su ideología comunista.

Me importa poco que algunos critiquen mi foto con el Rey, de la que estoy muy orgullosa. Mírense en el espejo y busquen para atrás a ver si tienen alguna con Fidel Castro, o con algún criminal comunista notorio.

Yo tengo una foto con Fidel Castro, me la tomaron sorpresivamente durante un festival de cine en La Habana, di la espalda y no consiguieron cagarme.

Ocurrió mientras yo era miembro del jurado de guiones, el tirano se acercó como siempre a hacerse el gracioso, a comentar de cine y de literatura, dijo sardónico, y aproveché, le puse la dura y la madura.

Él soltó que era un lector empedernido del Yo Claudio de Robert Graves, y yo le respondí que leyera también Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar; se lo recomendé a sabiendas, con todas las consecuencias que eso podía tener para mí. Enseguida me sacaron de un jalón no muy discreto del bulto de gente babeante que nos rodeaba. Agradecí interiormente que me apartaran, pudo haber ido a peor. Alfredo Guevara, entonces presidente del Icaic (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), furibundo, me llamó la atención, di media vuelta y lo dejé con la palabra en la boca.

Sin embargo, de aquel otro encuentro con Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, por los cincuenta años de la editorial Planeta, guardo un hermoso recuerdo, pese a que yo rompí las reglas dirigiéndome a él antes de que él se dirigiera a mí, lo hice sin conocer ese protocolo y para preguntarle por sus nietos, sólo eso. Aunque fue una noche memorable, en la que un hombre de su estatura política recibió a escritores exitosos de una célebre editorial para homenajearlos con su presencia. De mérito.

En los más de treinta años de mi exilio he visto a escritores y artistas españoles ir a olerles el fambeco a los tiranos castristas. Allá han viajado impulsivos o convencidos a retratarse orgullosos junto al asesino de tantos cubanos, junto al mamerto que expropió a tantos españoles. Son los mismos que hoy piden lo peor para el Rey Emérito, el que les abrió la vía hacia la democracia que hoy disfrutan, y que hoy ellos mismos quieren tirar por la borda.

Me pregunto: ¿por qué no se largan a Cuba o a Venezuela? ¿Por qué no se instalan en esos lugares paradisíacos de comunismo rancio a vivir como cualquier cubano o venezolano de a pie?

El rey Don Juan Carlos ha dado muchas satisfacciones a los españoles, la primera y fundamental: la de la defensa y respeto a la Constitución. Una pena, sí, que también haya permitido la fotito sonriente junto a Fidel Castro, inclusive comparado con el "¿Por qué no te callas?" que le espetó a Hugo Chávez, ni siquiera sería excusable.

La política es un inodoro; desgraciadamente, en ese inodoro, también los reyes están obligados a zambullirse de vez en cuando.

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