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La flojera de la UE con Cuba

No hay nada que me reviente más que la posición extremadamente cobarde de la Unión Europea frente a la tiranía de Raúl Castro.

Zoé Valdés
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No hay nada que me reviente más que la posición extremadamente cobarde de la Unión Europea frente a la tiranía de Raúl Castro. Federica Mogherini y sus acólitos no sólo levantaron la Posición Común creada en época del presidente José María Aznar –que por lo demás tampoco debilitaba demasiado al régimen de La Habana–, además aflojaron considerablemente las supuestas tensiones que –según afirmaba el mismo régimen– creaba esa Posición Común, posición de resistencia frente a la total y absoluta violación de los derechos humanos, a la represión, encarcelamiento y asesinato de los verdaderos opositores (porque ya conocemos que existe una falsa oposición creada por Raúl Castro con la intención de maquillar sus supuestos cambios, que no han sido más que fraudes y engaños a la población con la complicidad del Gobierno de Barack Obama, de Soros y de la prensa izquierdista internacional).

La Unión Europea recién ha apretado y ha tomado medidas similares a lo que sería un embargo en contra del régimen de Nicolás de Maduro en Venezuela, lo que yo aplaudo, pero ¿acaso ignoran que la dictadura de Venezuela es una copia al carbón de la tiranía castrista, y que el primer mal que hay que eliminar de raíz es el castrismo? Por supuesto que lo saben, pero no quieren dar su brazo a torcer, no reconocerán jamás su equivocación con Cuba, que es la verdadera amenaza, algo que está más que probado y comprobado.

La bobería de la Unión Europea con Cuba se debe, a mi juicio, a dos cosas. Primera, como ha sucedido con cada uno de los presidentes norteamericanos frente a los Castro, le tienen un respeto desmedido, porque según sus vanos y estériles análisis los Castro representaron y representan todavía un cambio social histórico nunca antes provocado en el Caribe y en América Latina, y además esa es también la razón por la que Cuba constituye el ejemplo de lo que no debiera repetirse en la región, y para el mundo debiera quedar indefinidamente como ejemplo de lo negativo. Claro que calculan mal, porque no sólo lo que sucedió en Cuba en 1959 sirvió y sirve de inspiración a todos esos grupos y movimientos narcoguerrilleros y terroristas, además el modelo se ha repetido y multiplicado, destruyendo la democracia o intentándolo no sólo en Venezuela, también en Nicaragua, en Bolivia, en Ecuador, y seguirá hasta Colombia, y el resto del mundo; vivir para ver.

Segundo, el modelo ideológico de la Unión Europea frente al nazi-fascismo es el comunismo, durante todos estos años de posguerra y de democracia y libertad no han conseguido moverse de semejante rigidez doctrinaria. De ese ladrillo no salen, y no es que sepan bailar precisamente un buen y sabroso danzón.

La indolencia de la UE con Cuba deja mucho que desear, y no conducirá, desde luego, a ningún tipo de cambio, ni siquiera a reformas en la isla, como nada varió durante el período en que el presidente Barack Obama compenetró más que afectuoso y colaboró con los tiranos cubanos, especialmente con Raúl Castro, tan o más sanguinario que el hermano, sin que nada se definiera, ni se adecentara siquiera el rostro de la tiranía; ni durante todos estos años tras la caída del Muro de Berlín, en los que los Castros han hecho lo que les ha dado la real gana, negociando y enriqueciéndose gracias a las relaciones comerciales con los países más fuertes económicamente de Europa, y también con Canadá, y con el resto del planeta.

La laxitud europea respecto a los Castro continuará dañando a la isla caribeña, y lógicamente a Venezuela, donde también mandan Castro II y sus secuaces, pese al embargo que la UE le imponga –demasiado tardíamente– a Maduro y sus petroleras.

Los regímenes totalitarios comunistas acaban de un planazo con la economía y destrozan a las personas, a los ciudadanos que son la fuente principal de enriquecimiento cultural, social, político y sobre todo económico de una sociedad democrática. Se impone que por fin la UE se llene de coraje y resuelva que estos tiranos y dictadores sean juzgados, y condenados, de una buena vez.

A no ser que la UE también se esté beneficiando de estas tiranías y dictaduras. A no ser que Federica Mogherini sienta alguna debilidad o empatía pautada y muy especial por el canciller castrista Bruno Rodríguez desde el punto de vista ideológico, lo que pondría en peligro sin duda alguna a la misma Unión Europea. Entonces, entendería mejor lo que está sucediendo desde hace algún tiempo en Grecia y en España con los movimientos de la ultraizquierda más feroz.

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