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Zoé Valdés

Noes

Drones, drones, drones, y mucho odio y desprecio para los que destrozaron mi país.

Zoé Valdés
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No, a mí, como a muchos españoles, no me convencen los resultados de las elecciones. Han aparecido varios vídeos y fotos en las redes sociales con gente denunciando boletas perdidas, boletas que nunca llegaron a tiempo, boletas entregadas con el fin de ocultarlas y añadirlas más tarde, y directamente la prensa libre se refiere –porque investiga– a un posible pucherazo. ¿No bastarían todas estas pruebas para que los partidos de la oposición, los perdedores de la derecha, exigieran de manera masiva una impugnación del resultado electoral y hasta una imputación formal jurídica contra el ignominioso resultado?

Otra imputación formal legal, que tal vez pudiera ser viable, y debiera tejerse en torno a la decisión oculta del presidente electo, Pedro Sánchez, y que está relacionada con una altísima subida de impuestos que no fue informada por él durante su campaña electoral, debiera echarse a andar de inmediato. O sea, empezar a promover una demanda acerca del engaño magno perpetrado contra el pueblo español y del país que dirigirá Sánchez durante todo el período de su mandato. No entiendo por qué todavía no existe una movilización intensa y fértil en torno a estos desmanes. Habría que iniciarla, sin demora.

No, no me extraña que no haya habido saboteos de tiendas, robos en esas mismas tiendas, golpizas extremas a adversarios, manifestaciones de indecencia callejera, tras los resultados electorales españoles. Es que ganó la izquierda. Y cuando la izquierda gana, pues la derecha respeta la decisión del electorado, hundida o protegida por el mayor de los silencios –demasiado grande para mí–, que es todo lo contrario a cómo actúa esa misma izquierda subnormal y violenta cuando toca el triunfo a la derecha.

No. No me extraña que se haya podido liberar a Leopoldo López, y hasta que semanas o meses antes Cayetana Álvarez de Toledo consiguiera entrevistarlo en su casa. Me extrañaría si el preso se llamara Eduardo Cardet Concepción o Armando Sosa Fortuny. ¿Por qué? Pues porque tanto Cardet como Sosa Fortuny son cubanos. Y con Cuba, como conocen ustedes, todo es más difícil. O sea, todo resulta verdaderamente imposible.

Por eso no me extraña que Pablo Casado inste al Gobierno español actual a proteger a la familia de Leopoldo López, lo que es su derecho, y un derecho merecido, olvidando otras urgencias. Que yo deba recordarle por Twitter que él no instó al PP a conducir una investigación internacional acerca del asesinato en Cuba de Oswaldo Payá y de Harold Cepero, y que todavía siga sin hacerlo, siendo jefe de su partido, pero incluso más, siendo como fue él quien primero recibió la llamada que confirmaba estos asesinatos en Cuba en aquel trágico y doloroso 2012.

No. No me extraña tampoco que los carneros cagonios, ex cubanos, salgan a apoyar al régimen castro-comunista en otro ruinoso acto conmemorativo del 1º de Mayo, día de los trabajadores, dicen, que no el día de ellos, porque los trabajadores de ese país, los de verdad, no se encuentran allí dentro, se encuentran exiliados, en Miami y en el resto del mundo. Trabajan para vestirlos a ellos, carneros de segunda, de tercera y de cuarta categoría, y para alimentarlos y engordarlos, para que no se derrumben desmayados bajo un sol de injusticia mientras desfilan y aplauden a los que los patean y reprimen, allá en la tribuna, que son los mismos que han exiliado a sus familiares.

No, tampoco me extraña que, en otro orden, sean más numerosos los extranjeros que han aportado apoyo financiero a este hermoso proyecto de edición facsimilar de La Edad de Oro de José Martí en el 130 aniversario de su publicación. Los cubanos siempre han amado a Martí de una manera extraña, como en el bolero, "tú tienes una forma de querer, un poco extraña". Estamos a tiempo, por eso sugiero a los cubanos, y a los otros que lo aman con sinceridad, por favor, "cooperen con el artista cubano", aunque ni guaguas como las de antes hay en Cuba, para que, suponiendo que en la actualidad Martí viviera, pudiese subirse a mendigar unas monedas y soñar con la intención de ser editado como él se merece. Gracias infinitas.

Para finalizar. No es no. Mañana cumplo 60 años, nunca he visto a mi país libre de la tiranía. Creo que puedo permitirme hacer uso de una buena dosis de odio y desprecio, es el único regalo que me voy a autorizar: drones, drones, drones, y mucho odio y desprecio para los que destrozaron mi país. Volviendo a enfrentarles con un NO rotundo. El NO que vengo argumentándoles con mi trabajo y mis acciones desde hace más de treinta años, desde que lo decidí y pude. Porque decir NO se puede, y se debe.

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