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Zoé Valdés

Señor presidente: ¡Francia no!

¿Hasta cuándo debemos resignarnos a soportar estas nefastas e inútiles imposiciones?

Zoé Valdés
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¿Hasta cuándo debemos resignarnos a soportar estas nefastas e inútiles imposiciones?
El presidente de Francia, Emmanuel Macron. | EFE

Observo con espanto, día a día, desde hace de más de treinta años viviendo en el que fue este maravilloso país de libertades, al que llegué esperanzada como cualquier exiliado, y en el que aprendí a entender la libertad, su verdadero sentido, que estamos hundiéndonos sin remedio en el abismo totalitario.

No es posible que una pandemia que ya ni siquiera hace estragos en China, creada en un laboratorio de un país gobernado por un partido comunista de extremo comunismo salvaje, continúe doblegándonos de tal modo que tengamos que renunciar a nuestros bienes más preciados, éticos, de libertad; mientras numerosos conciudadanos continúan perdiendo sus vidas, sus trabajos, su futuro.

Cuando la salud no acompaña, la lectura es un alivio, reconocernos con la seguridad de poder adquirir con toda libertad un libro constituye una sanación necesaria para nuestra mente y para nuestras células. Los libreros son los médicos del alma; las librerías, los hospitales del espíritu. Las librerías, por tanto, deben ser reabiertas de inmediato.

Señor presidente: ni en las peores pandemias los libros fueron ninguneados y precintados en forma de rejas o cubiertos con plásticos grises como acabo de ver en un centro comercial; insisto, ni en las peores pandemias los libreros, estos guerreros del saber, debieron renunciar a la venta de los libros.

Señor presidente: gobierne para los franceses y deje de hacerlo para los chinos comunistas o para los criminales islamistas. Gobierne para los franceses, ¡que somos todos aquellos integrados en este país, todos nosotros, los que viniendo de culturas distintas, mestizos en el saber, necesitamos que nos devuelvan este último refugio de exiliado que es, en mi caso, la Francia, como España, mis otras patrias elegidas!

Señor Presidente: libere los libros y permítanos morir de lo que sea, viviendo con libertades garantizadas, instruidos y leídos. ¿Hasta cuándo debemos resignarnos a soportar estas nefastas e inútiles imposiciones?

Como podrá suponer, no tengo ningún interés en las teorías conspirativas, pero viendo el pescado podrido que ustedes, como representantes del pueblo en un Gobierno, nos están vendiendo, no queda más remedio que pescar en aguas turbias.

Lo último que me esperaba de Francia era este acto irracional, este acto desesperado y mezquino, incluso después de ver cómo conducen este país a la desesperación y la desidia.

Señor presidente: Francia no es Cuba, ni Corea del Norte ni Venezuela, en ese orden. No, ¡Francia no! ¡Con Francia sí que no!

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