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Violencia, poder y angustia: así es la cárcel por dentro

El interior de las cárceles españolas. Drogas, violencia y desigualdad. Una conversación incómoda sobre las prisiones.

La cárcel es un lugar del que todos opinan con seguridad, pero cuya realidad solo conocen quienes la han vivido. Se habla de ella con facilidad, pero su verdadera realidad permanece invisible. Series, titulares, debates políticos y discursos institucionales han construido una imagen parcial, a menudo cómoda, de lo que ocurre tras los muros de un penal. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja, más áspera y, en muchos aspectos, incómoda.

Eso es lo que deja el nuevo episodio de Claves Personales que tiene como protagonista a Jesús Núñez un asturiano que ha permanecido encarcelado 12 años. Núñez ofrece un testimonio duro, sin filtros y difícil de encajar en los relatos habituales sobre el sistema penitenciario español.

El relato arranca donde casi nunca se pone el foco: el momento exacto de entrada en prisión. El ruido de las puertas metálicas, la sensación de quedar atrapado en otro mundo, la pérdida inmediata de control. El golpe no es físico, es más bien psicológico.

A partir de ahí, Núñez explica algo esencial para entender la cárcel: no existe una sola prisión. Hay cárceles dentro de la cárcel. Módulos ordinarios, conflictivos, terapéuticos, de respeto. Y, sobre todo, diferencias profundas entre quienes tienen recursos fuera y quienes no los tienen.

Violencia, miedo y jerarquías

La violencia existe, pero no siempre como se imagina desde fuera. La reputación, la palabra y la capacidad de marcar límites son herramientas de supervivencia tan importantes como la fuerza física. El relato no edulcora nada: agresiones, amenazas, motines, aislamiento, palizas "preventivas". Tampoco oculta una verdad incómoda: en muchos casos, la cárcel funciona porque los propios presos sostienen el sistema, asumiendo tareas, cuidados y responsabilidades para las que no están preparados.

Uno de los tramos más incómodos de la conversación es el que aborda algo que oficialmente no debería existir: drogas y teléfonos móviles en prisión. Núñez no teoriza; describe.

Si durante el COVID no había visitas, ¿cómo seguían circulando las sustancias? ¿Cómo entran móviles de gran tamaño en centros supuestamente controlados?

La gestión psicológica del cautiverio.

Núñez habla del arrepentimiento, del estigma social al salir, de la imposibilidad de empezar de cero sin que el pasado vuelva constantemente. Y también de algo menos habitual: la idea de redención, de convertir una experiencia extrema en una forma de ayudar a otros.
La conclusión es que el sistema penitenciario español es más complejo de lo que solemos admitir; que castiga, pero no siempre reeduca; y que lo que ocurre dentro tiene consecuencias directas cuando quienes cumplen condena regresan a la sociedad.

Antes de opinar sobre cárceles, presos o reinserción, conviene escuchar a quien ha vivido allí más de una década.

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