
La llegada del invierno transforma los hogares en espacios más cálidos y confortables gracias a la calefacción, pero ese mismo ambiente puede resultar perjudicial para muchas plantas de interior. El aire caliente reduce la humedad ambiental y altera los ritmos habituales de riego y luz, lo que provoca hojas secas, aspecto mustio o un crecimiento más lento. Aun así, no todas las especies reaccionan igual.
Durante los meses fríos, la calefacción mantiene una temperatura estable en el interior de las viviendas, pero también reseca el ambiente y limita la ventilación natural. Este cambio afecta de forma directa a las plantas, que suelen necesitar un equilibrio entre humedad, luz y riego. En este contexto, elegir especies resistentes puede marcar la diferencia entre un interior apagado y uno con plantas sanas en invierno.
Con gran resistencia
La lengua de suegra destaca por su capacidad para tolerar el aire seco generado por la calefacción. Sus hojas rígidas y verticales almacenan agua, lo que le permite adaptarse a ambientes poco húmedos sin mostrar signos de deterioro.
Esta característica la convierte en una opción adecuada para interiores calefactados, donde el riego debe ser moderado. En invierno, el exceso de agua puede perjudicarla más que la falta, por lo que se mantiene en buen estado con cuidados mínimos y sin perder su forma característica.
Facilidad de adaptación
El potus es una de las plantas más comunes en los hogares por su gran capacidad de adaptación. Tolera distintos niveles de luz y temperaturas estables, algo habitual en viviendas con calefacción. Aunque el ambiente seco puede afectar a otras especies, el potus suele conservar su frondosidad si el riego no se descuida por completo.
Durante el invierno, su crecimiento se ralentiza, un proceso natural en esta época del año, pero sus hojas continúan aportando color y frescura al interior. Además, su resistencia a la escasez de luz lo hace especialmente útil en viviendas donde los días grises reducen la iluminación natural.
Capacidad de recuperación
La cinta es conocida por su rapidez de crecimiento y su facilidad para recuperarse en condiciones menos favorables. Aunque prefiere ambientes con cierta humedad, puede convivir con la calefacción si se sitúa en un lugar bien iluminado y recibe un riego moderado.
Uno de sus rasgos más característicos es su dinamismo: cuando las condiciones son adecuadas, desarrolla nuevos brotes que cuelgan de la planta principal, aportando sensación de movimiento y frescura incluso en los meses más fríos.
Una resistencia extrema
La zamioculca destaca por su gran capacidad de supervivencia en interiores secos. Sus tallos gruesos y raíces almacenan agua, lo que le permite soportar largos periodos sin riego. Por este motivo, la calefacción no supone un problema significativo siempre que se evite el exceso de agua.
Además de resistente, mantiene un aspecto decorativo durante todo el invierno, con hojas brillantes que no pierden intensidad pese a las condiciones ambientales.
Más allá de la elección de especies resistentes, conviene tener en cuenta que ninguna planta agradece el calor directo de los radiadores ni las corrientes de aire caliente. Ajustar el riego a la época del año y mantener una distancia adecuada respecto a las fuentes de calor ayuda a conservarlas en buen estado durante todo el invierno.

