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El grave error que cometes al guardar patatas y cebollas juntas

Evite juntar patatas y cebollas en la despensa o meterlas en la nevera: el gas etileno y la humedad acortan drásticamente su vida útil.

Imagen de un bodegón con patatas y cebollas. | Unsplash/Manuel Torres Garcia

En muchas cocinas españolas hay una escena habitual: una cesta o cajón donde conviven patatas y cebollas esperando convertirse en tortilla, guisos o sofritos. Parece lógico guardarlas juntas. Ambas duran bastante tiempo, no necesitan frigorífico y suelen utilizarse en las mismas recetas.

Sin embargo, lo que parece una solución práctica es en realidad uno de los errores más frecuentes en conservación de alimentos. Patatas y cebollas no son buenas compañeras de despensa. De hecho, almacenarlas juntas acelera el deterioro de ambas y puede hacer que se estropeen mucho antes de tiempo.

La principal explicación tiene nombre científico: etileno. Se trata de un gas natural que producen algunas frutas y verduras durante su proceso de maduración, y la cebolla es una de ellas.

El etileno funciona como una hormona vegetal que altera el envejecimiento y la maduración de otros alimentos cercanos. En el caso de las patatas, este gas provoca que empiecen a brotar mucho antes, desarrollando raíces y perdiendo firmeza rápidamente.

Además, cuando las patatas reciben una exposición constante al etileno, también pueden cambiar de sabor y desarrollar un gusto más amargo. Su textura se vuelve más blanda y empiezan a deteriorarse antes incluso de que aparezcan señales visibles.

La humedad empeora todavía más el problema

La mala relación entre ambos alimentos no termina ahí. Las patatas contienen una gran cantidad de agua y liberan humedad de manera natural mientras se conservan.

Esa humedad afecta directamente a las cebollas, que necesitan ambientes secos y ventilados para mantenerse en buen estado. Cuando absorben demasiada humedad, su capa exterior se ablanda y aparecen moho, hongos o zonas blandas en el interior.

En otras palabras: la cebolla hace que la patata brote antes y la patata favorece que la cebolla se pudra. Una combinación desastrosa para la despensa.

El problema de la solanina

Cuando las patatas aceleran su proceso de envejecimiento, también aumenta el riesgo de desarrollar solanina, un compuesto tóxico que la propia planta genera como mecanismo de defensa.

La señal más visible aparece cuando la piel de la patata empieza a ponerse verde o surgen brotes largos. Aunque pequeñas cantidades no suelen ser peligrosas, consumir niveles altos de solanina puede provocar molestias digestivas.

Precisamente por eso es importante conservar correctamente las patatas y evitar situaciones de estrés, como la exposición continua al etileno de las cebollas o a la luz directa.

Ni nevera ni bolsas cerradas

Otro error habitual es pensar que el frigorífico es la solución perfecta para conservar estos alimentos durante más tiempo. En el caso de las patatas, ocurre justo lo contrario.

Las bajas temperaturas transforman parte de su almidón en azúcar, alterando su sabor y haciendo que adquieran una textura más harinosa. Además, el exceso de humedad del frigorífico tampoco les favorece.

Las bolsas de plástico cerradas tampoco son recomendables. Impiden la ventilación y favorecen la acumulación de humedad, acelerando aún más el deterioro.

Cómo conservar correctamente las patatas

Las patatas necesitan tres condiciones básicas: oscuridad, frescor y ventilación. Lo ideal es guardarlas en una cesta de mimbre, una caja abierta o una bolsa de tela o rejilla.

También conviene mantenerlas alejadas de fuentes de calor y de la luz solar directa, ya que la luz favorece la aparición de zonas verdes y brotes.

Un lugar fresco y oscuro de la cocina o una despensa bien ventilada suele ser suficiente para mantenerlas en buen estado durante más tiempo.

Por su parte, las cebollas prefieren un entorno seco y aireado. Las bolsas de malla o las cestas abiertas son perfectas para ellas, ya que permiten que circule el aire y evitan la acumulación de humedad. También es recomendable mantenerlas separadas de otros alimentos sensibles al etileno, especialmente las patatas.

El ajo, un aliado inesperado

Curiosamente, el ajo sí puede convivir mejor con las patatas. A diferencia de las cebollas, contiene compuestos azufrados que ayudan a inhibir la germinación y ralentizan la aparición de brotes. Aunque no hace milagros, puede ser un aliado más adecuado para compartir espacio en la despensa.

La solución, en realidad, es muy sencilla: mantener cierta distancia entre ambos alimentos. No hace falta tener cocinas enormes ni sistemas especiales de almacenamiento. Basta con colocarlas en recipientes distintos o en extremos diferentes de la despensa.

Ese pequeño cambio ayuda a conservar mejor los alimentos, evita desperdiciar comida y permite que tanto las patatas como las cebollas duren más tiempo en perfectas condiciones.

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