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Cómo ahorrar luz con el aire acondicionado en verano

El IDAE y el RITE fijan entre 24 y 26 °C la temperatura óptima del aire acondicionado en verano: la franja donde el confort y el ahorro se encuentran.

Cómo ahorrar luz con el aire acondicionado en verano. | Pixabay/CC/u_ssfofehsaj

Con la llegada de las primeras olas de calor, millones de hogares españoles repiten cada verano una rutina común: entrar en casa sudando y poner el aire acondicionado a 18 grados. Parece tener lógica —cuanto más frío pidas, más rápido se enfría la habitación—, pero la física del equipo funciona exactamente al revés. El aire acondicionado no enfría más rápido porque se le pida una temperatura más baja; simplemente trabaja durante más tiempo sin parar, intentando alcanzar una cifra que, en plenas semanas de julio, el equipo no logra mantener. El resultado es una factura que refleja horas y horas de compresor a plena potencia.

El problema tiene dimensiones de país. Según cálculos del INE, aproximadamente 7,3 millones de hogares españoles cuentan con un aparato de aire acondicionado, y todos ellos gastarán en conjunto cerca de 350 millones de euros extra en la factura de la luz durante el verano de 2025. En ese contexto, ajustar bien el termostato deja de ser un consejo de eficiencia y se convierte en una necesidad económica real.

Qué dicen los organismos oficiales

La temperatura del aire acondicionado en verano debe mantenerse entre los 24 °C y los 26 °C, de acuerdo con el documento Bienestar térmico en un espacio climatizado del IDAE y los criterios del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE). Esta no es una recomendación genérica; tiene base regulatoria. El propio RITE, regulado por el Real Decreto 552/2019, establece que en edificios públicos y comerciales está prohibido enfriar por debajo de los 24 °C en verano, con el objetivo de reducir el consumo energético nacional y cumplir los compromisos de sostenibilidad con la Unión Europea.

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Los números indican que bajar el termostato de 24 a 21 grados implica un sobrecoste del 21 % en el consumo del aparato. Para un hogar medio con un recibo de verano en torno a los 80 o 90 euros, eso se traduce en más de 60 euros extra al mes. Trasladado a un verano completo, configurar bien el equipo puede representar hasta 180 euros de diferencia anual, según estimaciones del IDAE.

El riesgo para la salud que casi nadie menciona

Más allá del gasto económico, bajar el termostato al mínimo también tiene consecuencias sobre el cuerpo. Para evitar impactos negativos en la salud como resfriados o malestares, no se debería superar una diferencia de 12 grados entre la temperatura exterior e interior. Si en la calle hace 35 °C, lo ideal sería no bajar de 23 °C en el interior. Según estudios de la Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración (Atecyr), una diferencia mayor a doce grados entre interior y exterior aumenta el riesgo de resfriados, problemas respiratorios y estrés térmico. La paradoja del verano es esta: muchos de los constipados que se atribuyen al aire acondicionado no los provoca el frío en sí, sino el choque térmico de entrar y salir de espacios con una diferencia de temperatura excesiva.

Cómo sacar el máximo partido al aire acondicionado

Ajustar la temperatura es el primer paso, pero el rendimiento del aparato depende también de otros factores. La orientación del flujo de aire es determinante: es recomendable dirigir el caudal hacia arriba, ya que el aire frío es más denso que el caliente y tiende a descender, logrando así una distribución más homogénea en la habitación.

El estado del equipo también influye directamente en el consumo. Un aire acondicionado con mantenimiento deficiente o filtros sucios genera entre un 5 % y un 15 % más de gasto eléctrico, por lo que los expertos recomiendan una revisión anual antes del inicio de la temporada de calor.

Por último, el entorno de la vivienda puede reducir drásticamente el trabajo que le toca hacer al compresor. Bajar persianas, cerrar cortinas durante las horas centrales del día y aprovechar la ventilación nocturna cuando las temperaturas exteriores bajan son medidas eficaces para reducir el calentamiento de la vivienda sin coste energético. Combinadas con un termostato bien ajustado, permiten mantener la casa fresca sin que la factura de agosto sea la sorpresa más desagradable del verano.

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