
Según el patrón de pesca del barco, José Luis Sestayo, cuando se encontraban a nueve millas de las costas libias, recibieron una llamada de Salvamento Marítimo instándoles a no desembarcar en el puerto de Trípoli porque, explicó, todavía no se había llegado a un acuerdo con las autoridades de Libia para desembarcar a los inmigrantes.
Sestayo afirmó que la tripulación se encuentra "cansada", aunque manifestó tener "más pena por la gente que llevamos con nosotros" porque "han caminado cientos de kilómetros para llegar hasta aquí y ahora les van a devolver al lugar de donde vinieron". "Muchos piensan que les llevamos de camino a España o a Italia", indicó Sestayo.
El barco Nuestra Madre de Loreto, con base en Santa Pola (Alicante), faenaba a unas 98 millas náuticas de la capital libia cuando avistó el pasado miércoles una patera con 25 inmigrantes a bordo de edades comprendidas entre los 18 y 25 años y el cadáver de un joven de unos 18 años.
El hermano de Sestayo fue el tripulante que avistó una "luz pequeña de una patera", de entre 5,5 y 6 metros de eslora, en la que viajaban los inmigrantes. Tras comprobar que iba a la deriva, avisó al resto de sus compañeros, quienes ataron la patera a la popa del pesquero, aprovechando que el mar "estaba en calma", después de que uno de los ocupantes del cayuco se arrojara por la borda y fuera finalmente rescatado.
Un muerto
Sin embargo, la patera volcó y los pescadores alicantinos sacaron del agua a los inmigrantes, uno de los cuales, que sangraba por la boca, murió tras no haber soportado la travesía. A las 13:30 horas del jueves, la embarcación Nuestra Señora de Loreto de 27 metros de eslora y con una tripulación de catorce miembros, puso rumbo a Trípoli con la intención de desembarcar a los inmigrantes.
Una vez que los inmigrantes sean desembarcados, el barco continuará con la campaña de pesca de la quisquilla, que inició el pasado 9 de mayo, y prevé regresar a Santa Pola el 8 ó el 10 de julio.
