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OH, LA POBREZA, por Víctor Gago

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(Libertad Digital-Víctor Gago) Cielos, la poesía. O mejor, por no traicionar el arte puro: El Poema. Siempre el mismo. Especular, recurrente, ora corregido y aumentado, ora empeorado y capitidisminuido. ¿Qué tendrá, que a los políticos de La Moncloa les da por ponerse a meditarlo? Aznar, al menos, solía elegir a Valente y el Cántico de San Juan de La Cruz para sus vacaciones en Oropesa del Mar. Algo es algo. 
 
"Y de qué tachadura ha sido uno víctima", se preguntaba Edmond Jabes ante sus lectores verborreicos. Zapatero ha trincado–no llamemos a eso "leer", no insultemos a la Zambrano, para quien la crítica era un género poético más– Ferrocarril de Matallana, el aseado poemita de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), fiel al realismo puritano y mesetario que tanta fortuna hizo en la Generación del Medio Siglo –con honrosas excepciones, como Don de la ebriedad de Rodríguez (Claudio, no Zapatero)–, y le ha propinado una "carta abierta" en la edición dominical de El Mundo, con la excusa de que acaban de entregarle el Premio Cervantes a su "maestro".
 
Algo habrá tenido que ver el presidente en lo de investir de magisterio a un escritor que pide aplicar controles en Internet "para que no se publiquen tantas cosas inconvenientes".
 
O, tal vez, es que cuando gobierna el PSOE la Justicia se vuelve poética, puro símbolo. Algo hay de todo un poco, que diría ese vate del situacionismo llamado Paco Genil. Basta con escuchar a Mariano Fernández Bermejo o a José Blanco, para darse cuenta de que la Justicia es una variante del naturalismo –"brutal" y "corruta" como la naturaleza humana– y la Poesía es una forma de justicia social.
 
"Carta abierta". ¿Y qué esperará el presidente que le respondan a: "...la pobreza como raíz, como entraña de la Poesía. La pobreza tiene mucho que ver con el Amor y con la Solidaridad, así nos lo han enseñado filósofos y poetas; así, querido Antonio Gamoneda, nos lo ha enseñado a sentir, con convencimiento, nuestra tierra" ?
 
¿Qué se supone que deben responder Carlos Arenillas, Miguel Sebastián y la alegre pandilla de Intermoney?
 
¿En qué estrofa del Ferrocarril metemos a los comisionistas de Ibiza, al alcalde de Ciempozuelos, a Montilla y su pareada merendilla? Oh, la pobreza. Oh, la poesía. En el Ferrocarril de Zapatero, "campesinos viejos y mineros jóvenes" van por un rail, y el wishky de malta, a 1.600 el copazo y la velada, por otro. Lo de costumbre, en el realismo socialista, circular por un carril de doble vía y ciclo combinado: justicia a vapor y trinque de alta velocidad. Para unos, el tren de los símbolos; para otros, la vida a todo tren. "Aquí hay algo desconocido/ Si supiésemos qué, algunos de nosotros/ sentiríamos vergüenza, y otros esperanza". Más claro, agua.
 
Zapatero celebra a Gamoneda porque entiende sus poemas y puede reducirlos, con la mayor solemnidad, a lo obvio como si fuera pensamiento. Le escribe al poeta: "Saberte un hombre huérfano de esperanza en tu ciudad, en tu país, en tu universo, hizo que despertaras –ésas son las lecciones impagables...– al convencimiento de que la injusticia sólo trae dolor innecesario, tristezas y humillación". Menudo descubrimiento.
 
Cuando Borges recuerda su contacto con el movimiento ultraísta de Sevilla, hacia 1920, destaca de Isaac del Vando que "se hacía escribir todo el corpus de su poesía por sus ayudantes". Un día, uno de ellos le dijo a un jovencísimo Borges: "Estoy muy ocupado: Isaac está escribiendo un poema". Cielos, la poesía. El presidente ha estado muy ocupado leyéndosela a Gamoneda.
 

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