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Rodríguez Ibarra y "la lujuria de los mercados"

La prensa divide este martes sus portadas entre lo rojo, por la camiseta de un Villa prácticamente omnipresente gracias a sus goles a la floja Honduras; y lo negro de un panorama económico que, ahora por la reforma laboral, sigue despertando dudas. Menos mal que Rodríguez Ibarra nos aclara las cosas.

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Las cada vez más habituales incursiones de Rodríguez Ibarra en el terreno periodístico están marcando un antes y un después en la historia de la prensa tanto por su intensidad, ya parece el columnista de cabecera de El País, como por su variedad: no hay tema sobre el que el ex presidente extremeño no demuestre una llana, atrevida y casi entrañable ignorancia.

Este martes le toca al papel de los sindicatos, pocas sorpresas, y a la economía en general, ámbito sí en el que hace una aportación doctrinaria de calado que, sin duda, merece pasar a la historia de la ciencia de Hayek y Adam Smith: la lujuria de los mercados. ¿Que no se lo creen? Lean, lean:
"Los mercados no acaban de tener confianza total en nosotros. Nosotros tampoco nos fiamos de ellos. En ese aspecto, las cosas están equilibradas. Pero ellos tienen el dinero y a nosotros nos falta, como consecuencia de su lujuria y avaricia".
Ahí está en todo su esplendor esa aportación nueva, los mercados como entes vivos cuyas pulsiones se van acercando a los siete pecados capitales como si de un señor de Cuenca se tratase, así que, superada la avaricia, ya están entrando en el terreno de la lujuria. Lo próximo, suponemos, será la gula.

¿Y que podemos hacer ante este ataque lúbrico – mercantil? Pues tenemos dos opciones:
"O mandamos a hacer puñetas a los mercados y tomamos el camino de la calle de en medio, o jugamos a su juego y continuamos poniendo nuestra mejor cara y nuestra más amable sonrisa para ver si nos consideran merecedores de su confianza y de su dinero. Es decir, o nos suicidamos o nos prostituimos".
Por supuesto, como la cosa va de lujuria la opción del prócer extremeño es la segunda, así que si alguien ha pensado en algún momento en un hermoso y trágico ritual de seppuku que se vaya olvidando que no estamos par heroicidades.

También en el terreno económico y también en El País sorprende otro artículo de un político o similar: el diputado Antonio Gutiérrez (sí, el ex capo de CCOO) se despacha contra una reforma laboral que "inexplicablemente", empeoró sustancialmente desde el primer borrador hasta el texto pocos días después. ¿Qué votará esta tarde en el Parlamento tras este ataque de conciencia? Yo no lo dudo.
Un último toque de humor en el periódico de PRISA: tras las elecciones en Polonia en las que los liberales obtuvieron el 41% de los votos y los conservadores el 37%, ¿cómo dirán que titula El País? Leer para creer: "La izquierda decidirá las elecciones presidenciales polacas".

En El Mundo encontramos el análisis más inteligente y divertido que se hace de la victoria de España en el Mundial, que es por supuesto el que hace David Gistau en su crónica diaria "Los tacos por delante", en la que encuentra una metáfora perfecta: "A España el gol le cuesta lo que a Belén Esteban la lectura". La imagen, por supuesto, la de Sara Carbonero, sobre la que Gistau también opina: "Cabe suponer incluso que nadie le clavará una estaca". Esperemos.

En La Razón es otro gran columnista el que capta nuestra atención: Alfonso Ussía que nos cuenta la historia de su familiar alistado en la División Azul pero que no pasó del frío de Burgos, y nos recuerda al hilo de la supresión de este episodio de nuestras armas en el Museo del Ejército que "la Historia no se borra, aunque se invente".

Además, el periódico de Planeta nos cuenta como hasta la mismísima UNESCO se tomó la molestia de enmendarle la plana al mismísimo José Blanco, que habló de un informe definitivo sobre el paso del AVE por un túnel bajo la Sagrada Familia, un informe que al parecer no existe.

En el ABC coinciden con sus colegas de La Razón dando un protagonismo que otros niegan injustamente a Ana Obregón, que realizaba en Ibiza la enésima edición de su "posado" en este ocasión con trikini y un a modo de túnica, porque los años no pasan en balde y nada es lo que era, ni siquiera en el mundo dorado de la prensa rosa, qué le vamos a hacer.

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