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Juicio por el crimen del canónigo de Valencia: "Llevaba chicos vulnerables al piso a cambio de sexo"

La Audiencia Provincial juzga a Miguel Tomás, para quien piden 28 años por asesinar y estafar al clérigo emérito asfixiado en su domicilio.

La Audiencia Provincial juzga a Miguel Tomás, para quien piden 28 años por asesinar y estafar al clérigo emérito asfixiado en su domicilio.
Europa Press

Comienza el juicio por el asesinato del canónigo emérito de la Catedral de Valencia, Alfonso López Benito, cuyo cadáver fue encontrado con signos de violencia y asfixia en enero de 2024. Este lunes ha declarado en la Audiencia Provincial el portero del edificio donde residía la víctima, único testigo en la primera jornada de la vista.

El conserje ha asegurado ante el jurado que el sacerdote solía llevar a su vivienda a "hombres vulnerables" para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, comida o alojamiento, una práctica que, según ha dicho , generó numerosos conflictos con vecinos y con los propios implicados.

El acusado, Miguel Tomás V. N., se enfrenta a una petición fiscal de 28 años de prisión por los delitos de asesinato, robo con violencia y estafa. La Fiscalía sostiene que facilitó la entrada en la vivienda al autor material del crimen y que participó de forma "directa y decisiva" en los hechos, aunque no fuera quien asfixió a la víctima. La defensa, por su parte, niega cualquier implicación en el homicidio y solo admite el uso fraudulento de las tarjetas bancarias, por lo que solicita una condena de un año por estafa.

Un mensaje desde el teléfono del fallecido

El crimen se produjo entre la noche del 21 de enero y la madrugada del 22 de enero de 2024. El cuerpo del canónigo, de 79 años, fue hallado en su cama, con claros signos de asfixia. Según el portero, aquel día abrió la portería como cada mañana y recibió un mensaje del sacerdote anunciándole que estaría fuera varios días, algo que no le resultó extraño porque solía desplazarse a un apartamento que tenía en El Perelló. Sin embargo, horas después, un amigo del canónigo acudió preocupado al no lograr localizarlo por teléfono. Ambos subieron a la vivienda y, al no obtener respuesta, accedieron con una copia de las llaves. La puerta no estaba cerrada con llave.

Al entrar en el dormitorio, el portero encontró al sacerdote muerto, tumbado boca arriba sobre la cama revuelta. "Parecía una momia, con la boca abierta", ha relatado durante el juicio. Instantes después, recibió un nuevo mensaje desde el teléfono del fallecido preguntándole si todo estaba bien, lo que desató una situación de gran nerviosismo antes de avisar a los servicios de emergencia.

Durante su declaración, el conserje ha descrito con detalle las costumbres sexuales de la víctima. Ha asegurado que era habitual la entrada de hombres "muy necesitados", algunos con problemas de drogadicción o incluso discapacidad, y que el sacerdote los recogía en la calle o en estaciones de transporte. Según ha explicado, en ocasiones los dejaba encerrados en la vivienda cuando salía, por miedo a robos, una conducta que él mismo reprobó y que se negó a vigilar.

Episodios de tensión con algunos hombres

El testigo ha relatado varios episodios de tensión, entre ellos el de un hombre que bajó indignado amenazando con denunciar al sacerdote por tocamientos, y otro que, desesperado, reclamaba el dinero pactado tras un encuentro sexual. En uno de esos casos, el canónigo habría prometido 60 euros por sexo oral y solo habría entregado 40, lo que provocó una fuerte discusión.

El malestar vecinal era conocido desde antes. De hecho, el portero ha explicado que una vecina del anterior edificio donde residía el canónigo les advirtió de los problemas que podían surgir por sus comportamientos. Pese a ello, ha señalado que nunca sospechó del acusado, a quien dijo haber visto "dos o tres veces como mucho" por la finca, la última varios meses antes del crimen.

En cuanto a la acusación, el Ministerio Público sostiene que el acusado actuó de acuerdo con otra persona no identificada, quien habría sido la que asfixió al sacerdote tras inmovilizarlo en la cama. Posteriormente, se habrían apoderado de su teléfono móvil y de dos tarjetas bancarias, que el acusado utilizó para retirar dinero en cajeros automáticos. Parte del efectivo, según la Fiscalía, fue entregado al autor material del homicidio.

La defensa insiste en que no existen pruebas que sitúen a su cliente en la vivienda la noche del crimen: no hay huellas, ADN, imágenes de cámaras ni testigos que lo vinculen con el asesinato. El abogado ha denunciado una investigación policial deficiente y sostuvo que el verdadero responsable sigue sin ser localizado.

El juicio, que se celebra con jurado popular, continuará en los próximos días y está previsto que se prolongue hasta el 3 de febrero.

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