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Qué misterio

Creo que lo que le ocurre al Papa es que parece, sobre todo, un hombre bueno. Y creo también que lo que pasa es que la gente tiene hambre de bondad.

Creo que lo que le ocurre al Papa es que parece, sobre todo, un hombre bueno. Y creo también que lo que pasa es que la gente tiene hambre de bondad.
El Papa León XIV reza ante la tumba de Gaudí | RTVE-Pool

Quizá podamos convenir que la existencia del Papa está enraizada en el misterio. Es un misterio, el de la fe, el que protege y promulga con su presencia de pastor de rebaños. Y es un misterio la existencia misma del misterio que lo hace indispensable, con su blanca sotana y con su férula dorada, como un guía espiritual que no necesita justificarse. En términos generales, lo menos misterioso del Papa es que deba existir él, pues no es un misterio que existan las religiones, sino que no puedan no existir, en esta oscura y misteriosa existencia.

La cosa es que el Papa está en España y que ha ido dejando tras de sí, en cada ciudad que ha ido pisando, un reguero de misterio. Los analistas lo identifican en la adhesión que ha despertado, como si fuesen distintas las masas que lo han acompañado siempre, incluso cuando el Papa era otro. Algo de cierto debe haber en esa impresión. La ciencia de los números, tan clarividente en lo suyo como ciega en lo que no es capaz de ver, nos lleva advirtiendo desde hace años de que el porcentaje de jóvenes creyentes está aumentando exponencialmente, aunque no sepa demasiado bien por qué. Algunos, para explicarlo, hablan de incertidumbre, de convulsión, de falta de esperanza generalizada. De economía, en fin. Pocos hablan del agotamiento de una visión que no ha sido capaz de aportar aquello que sólo ofrece la idea de Dios: un sentido para seguir viviendo. Entre medias, ha surgido este Papa que es como un misterio religioso en sí mismo, una Santísima Trinidad Papal: carismático como Wojtyla, profundo como Ratzinger, social como Bergoglio. Y de una tranquilidad evidente, como suponemos la felicidad.

Yo creo que lo que le ocurre al Papa es que parece, sobre todo, un hombre bueno. Y creo también que lo que pasa es que la gente tiene hambre de bondad. León XIV parece, además, un Papa coherente. Y no es revolucionario añadir que llevamos tiempo escasos de eso en nuestras despensas públicas. En cualquier caso, no han tardado los analistas en añadir que este catolicismo nuevo, este catolicismo juvenil que parece haberse quitado un estigma y que está abarrotando las iglesias de adolescentes orgullosos de su fe, no es un catolicismo dogmático como el que todo Papa representa. Es un catolicismo a la carta. Un bufé doctrinal en el que cada cual escoge la hostia con la que comulga. Se hace difícil no concordar. Basta con salir a la calle o ser de esta época para comprobarlo. Lo que no terminan de analizar, los analistas, es por qué esta nueva religión católica parece más libre y menos intransigente que la vieja religión del ateísmo. Quizá esa sea otra buena forma de explicar el misterio de su resurgimiento.

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