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Lecciones de la presentación de un libro

En el aula de cultura de una caja de ahorros y en un centro universitario, las autoridades respectivas prohibieron la venta, y por tanto la firma, de los libros. No me cabe en la cabeza una prohibición tan absurda.

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Sin quererlo, he asistido últimamente a un experimento en vivo. Se trata de la presentación al público del último libro mío, Memorias y desahogos. La hemos hecho en una docena de ciudades. Hay constantes y diferencias que resultan curiosas. La afluencia de público, en proporción a la población, ha sido máxima en Oviedo y en Vitoria. Ha sido mínima en Barcelona. Comprendo el atractivo de Oviedo, donde los presentadores eran Francisco Álvarez Cascos y José María Nava-Osorio. Además, el acto se hacía en el Centro Asturiano, presidido por Alfredo Casteli. Todos ellos estuvieron "sembrados". Pero en Barcelona el libro se presentó por Joan Hortalá en una universidad privada, una figura de mucho prestigio. Quizá la diferencia no está en los presentadores sino en el público. En el Norte cantábrico hay un poso cultural que no existe en otras regiones.

Me interesa más una constante. En todos los casos se comprobó que el auditorio estaba compuesto por personas de mediana edad, incluso de mayores, pero faltaban los jóvenes. Faltaban, incluso, en algunas presentaciones que hemos hecho en centros universitarios.

Una costumbre de las presentaciones es que se suelen llevar libros para venderlos y para que los firme el autor. Es una tradición muy simpática. Pues bien, en el aula de cultura de una caja de ahorros y en un centro universitario, las autoridades respectivas prohibieron la venta, y por tanto la firma, de los libros. No me cabe en la cabeza una prohibición tan absurda. No es incompatible esa liturgia con la de firmar libros en una librería. Fue el caso de Oviedo, donde, al día siguiente, se continuó la firma en la librería Cervantes, una verdadera catedral de la cultura vetustense.

Otra constante que me extraña es que no se aproveche el acto de la presentación de un libro para preguntarle más cosas al autor. Esa escasa curiosidad la he visto también en las presentaciones de libros de algunos colegas. Así pues, es general, lo que me escandaliza todavía más.

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