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Carta de París

Derrota transformada en victoria

Entiendo y comparto la alegría de Florence Aubenas, su familia, sus amigos y sus compañeros de Liberation, así como amplios sectores de la opinión pública que han aplaudido su retorno a Francia después de 157 días de cautiverio, encerrada en una celda diminuta con los ojos vendados, las manos y los pies atados, lo cual le da más “sabor” al final de ese cruel secuestro. Confieso asimismo que me emocionó, cuando apareció en directo en las pantallas de la televisión, trastornando la programación, me resultó simpática, entrañable, cuando con humor sonriente se distanciaba de su trágica aventura con pocas frases sencillas.
 
Todo eso lo comparto con muchos y nada me importa ser del montón en esta ocasión, ahora bien, transformar ese canallesco suceso, en victoria, no se sabe muy bien si militar, política u olímpica como así han intentado hacerlo todos. El Presidente Chirac, presente en el aeropuerto militar de Villacoublay, donde aterrizó el avión con Florence; el gobierno, las autoridades, y todos los medios, transformar, digo, ese sórdido canje, pagar a los secuestradores lo que exigían para soltar a Florence y a su acompañante-intérprete iraquí Hussein Hanún, o sea doblegarse antes sus piratescas exigencias y presentar esa claudicación, esa derrota, como una victoria, eso sí que no me lo trago. No estoy diciendo que en este, como en otros casos, no había que pagar nada, que la vida de Florence no valía la suma exigida, y aunque admiro a los que nunca se doblegan ante el chantaje de los terroristas asesinos, soy consciente de que no todos son capaces de tanto valor ético. Pero pocos son capaces de transformar esa vergüenza, incluso si a veces se juzga necesaria, en admirable victoria. Para empezar tienen que mentir afirmando que no han pagado ninguna raçon o fianza, porque sería reconocer su sometimiento al chantaje, y entonces cabe preguntarse si han convencido a los secuestradores para que suelten sus rehenes a base de leerles artículos de la Constitución francesa o conferencias sobre derechos humanos.
 
Esto forma parte del gigantesco fraude francés sobre Irak, antes, durante y después de la intervención militar aliada, donde los terroristas se convierten en “resistentes”, los secuestradores en “bandidos de honor”, y nadie sabe quienes son las víctimas y quienes los verdugos. Porque en esta torrencial verborrea no hemos oído la menor condena a los secuestros, degollamientos, decapitaciones y demás torturas y asesinatos, cometidos por los “resistentes” terroristas, como si de catástrofes naturales se tratara. Muchas cosas huelen mal en este asunto. La periodista rumana Marie-Jeanne Ion, también secuestrada y soltada hace poco, cuenta largo y tendido como se encontró en el mismo sótano que Florence, quien estuvo admirable y les comunicaba a todos aliento y esperanza, pero Florence, dijo ayer, que no había visto a los tres periodistas rumanos secuestrados, que siempre estuvo sola con Hadún, y sus secuestradores, se entiende. El propio Hussein, presentado como héroe y mártir, fue coronel de aviación del otro Hussein, Sadam, el tirano, y nada me extrañaría si un día nos enteramos de que, habiendo perdido su empleo militar, con la caída de la tiranía, se había enchufado en los servicios secretos de algún país vecino, o de los iraquíes. El oficio de interprete de periodistas occidentales les viene como anillo al dedo a los espías.
 
Bueno, basta ya de mal humor, alegrémonos todos a una, que Florence esté libre y pueda seguir escribiendo sus chorradas en Liberation. La libertad de expresión es libertad para todos.

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