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Libro del Día

De conspiradores y liberales

La denominada Escuela de los Anales tuvo una extraordinaria importancia en la historiografía del siglo XX. En su empeño por los análisis globales consiguió, por ejemplo, que nos interesara el precio de las lentejas en la España de Carlos III y que nos olvidáramos de quién había sido Esquilache e incluso del propio monarca. Los aspectos personales, íntimos, biográficos en suma, se vieron absolutamente deglutidos por una manera de hacer historia que resultaba especialmente grata para los marxistas ya que negaba todo papel de importancia al individuo para entregárselo a supuestos sujetos colectivos. Napoleón, Lenin o Miguel Ángel se convertían así en frutos casi obligados de una época o de un lugar.

Resulta difícil discutir que semejante enfoque constituye un disparate colosal en la medida en que se niega a ver cómo las distintas individualidades han configurado la historia de manera bien diferente a como lo hubieran hecho otros personajes. Sin embargo, en algún momento gozó del monopolio de la investigación histórica e incluso hoy en día cuenta con un peso extraordinario. De las desgracias derivadas de esa visión no es la menor la relacionada con la casi desaparición del género biográfico. La presente obra formada por una serie de breves biografías relacionadas con personajes de la historia decimonónica de España constituye una clara –e intencionada– reivindicación del género biográfico como instrumento privilegiado para acceder al conocimiento del pasado y procurar comprenderlo a cabalidad.

Los personajes se encuentran, por añadidura, dotados de un interés innegable. Comenzando por el abate Marchena que se vio seducido por la Revolución francesa y ansió un afrancesamiento de España merced a José I o al español Riego y concluyendo por el genial (y demagógico) Blasco Ibáñez, a lo largo de estas páginas se nos aparecen Mariana Pineda, ejecutada por liberal; Avinareta, el auténtico paradigma de conspiradores; Mendizabal, que tuvo como objetivo consumar una revolución modernizadora y moderada; Espartero, que en su extremismo acabó por pasar del culto al olvido; la condesa de Espoz y Mina; el más que sugestivo Prim; Ruiz Zorrilla y José Nakens, en el que se combinaron el republicanismo con un anticlericalismo más visceral que reflexivo. Merece la pena detenerse en este libro de la misma manera que se haría con un menú de degustación, es decir, devorando al completo algún plato, saboreando aquel, comparando la factura de dos o tres. En conjunto, su lectura resulta entretenida –a veces incluso apasionante– y, sobre todo, aleccionadora ya que el hecho de que porciones considerables de nuestra Historia hayan sido olvidadas por desidia, ignorancia o mala fe en absoluto indica que no sean dignas de conocimiento o disfrute.


Isabel Burdiel y Manuel Pérez Ledesma, Liberales, agitadores y conspiradores, Madrid, Espasa Calpe, 365 páginas.

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