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Rey mediocre, reinado clave

Protagonista de un reinado eclipsado por el de los Reyes Católicos y ensombrecido por multitud de problemas como el de la legitimidad de su hija Juana o el carácter levantisco de los nobles, Enrique IV de Castilla, de sobrenombre el Impotente, no ha llamado la atención de los historiadores de manera especial. Las excepciones pueden resultar notables –ahí están el Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo de Gregorio Marañón o El rey huraño de Lucas Dubreton– pero no pasan de ser eso, excepciones. El libro de Luis Suárez –una verdadera joya historiográfica– nos permite adentrarnos en la vida de un monarca que no fue grande pero que vivió un período histórico esencial de la Historia de España.

Hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón, en 1440 Enrique casó con Blanca de Navarra –la futura Blanca II– y, carente de descendencia, optó por la vía del divorcio y la de un ulterior matrimonio quince años después con Juana de Portugal. Aquel acto fue un craso error, una de cuyas consecuencias fue el hecho de que Juana de Portugal diera a luz a Juana la Beltraneja; esto iba a sumergir a Castilla en una guerra civil. Enfermo, vilipendiado, sucio, Enrique llegó a intuir, sin embargo, algunas de las grandes reformas que serían acometidas por los Reyes Católicos. Enrique, vejado y destronado en efigie en la denominada “farsa de Ávila” fue capaz de ver la necesidad de domeñar a la nobleza y de crear una nueva casta de técnicos que sustentaran el nuevo Estado. Fracasó en ambos intentos, de la misma manera que no logró solventar el problema de los cristianos nuevos. Sin embargo, a pesar de todo, como deja de manifiesto el cuidadosísimo y documentado libro de Luis Suárez, su reinado fue absolutamente clave.


Luis Suarez, Enrique IV de Castilla, Barcelona, Ariel, 2001, 604 páginas.

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