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Chantaje descontrolado

Ante la falta de personal se ha restringido el tráfico aéreo, causando pérdidas multimillonarias y graves daños a gran cantidad de personas que no pueden viajar en vísperas de un largo puente y en medio de una calamitosa crisis económica.

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Una táctica habitual de chantaje en la lucha del colectivo de controladores contra Aena y el Gobierno es interpretar las normas de la forma más restrictiva y arbitraria posible para favorecer sus intereses particulares como grupo de presión. Con todo tipo de excusas apelan a la seguridad y al miedo, y pretendiendo ser altamente responsables y los principales garantes de la seguridad de la aviación, lo que realmente consiguen (y seguramente persiguen) es dañar gravemente su fluidez y eficiencia. Como ejemplo de falta de escrúpulos a la hora de pervertir el lenguaje, algunos si hacen un turno de noche cuentan que han trabajado dos días, el de entrada y el de salida, y así pueden afirmar que han trabajado veintitantos días todos los meses y que la empresa los explota y acosa en condiciones de esclavitud.

Según la reciente ley que regula su actividad, un controlador no puede trabajar más de 1.670 horas al año, más 80 horas extra voluntarias. Durante este año el sindicato USCA y muchos controladores consideraban que dada la plantilla efectiva no habría horas suficientes para cubrir todos los servicios, y que al final del año Aena se vería forzada por este hecho a ceder en la negociación del nuevo convenio. USCA ha acusado sistemáticamente a la empresa de mala previsión y planificación y de despreciar sus reiteradas advertencias.

Pero los controladores estaban haciendo cuentas según su propio criterio, al parecer equivocado. El Consejo de Ministros ha aclarado que no cuentan para ese máximo anual las actividades laborales de carácter no aeronáutico (los permisos sindicales, las imaginarias y las licencias y ausencias por incapacidad laboral, y las reducciones de jornada). Para las 1.670 horas se computan solamente las que los trabajadores están trabajando en frecuencia, con sus correspondientes descansos, más el tiempo de guardias y la formación con tráfico real.

Algunos controladores aparentemente deciden unilateralmente cómo interpretar la normativa y no atienden a las decisiones y aclaraciones de las autoridades competentes: una cantidad importante han abandonado sus puestos de trabajo, en lo que podría constituir un grave delito, alegando sospechosos simultáneos problemas de salud que les imposibilitan desarrollar su trabajo. Ante la falta de personal se ha restringido el tráfico aéreo, cerrando casi totalmente el espacio aéreo, causando pérdidas multimillonarias y graves daños a gran cantidad de personas que no pueden viajar en vísperas de un largo puente y en medio de una calamitosa crisis económica.

Desconozco si se trata de una actuación concertada. No sé si hay más controladores aéreos que piensan que esta actitud es demencial e inaceptable: tal vez los haya pero no se manifiestan porque se sienten atemorizados por individuos más radicales. Ojalá se den cuenta de que esta demostración del daño que pueden hacer va a dañar mucho más su ya maltrecha imagen.

Francisco Capella es director del área de Ciencia y Ética del Instituto Juan de Mariana, creador del proyecto Inteligencia y Libertad y escribe regularmente en su bitácora.

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