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Sally McNamara

El ejemplo georgiano

Al llegar a la ciudad y pasar por la calle George W. Bush, es dificil identificar a Georgia como un país que acaba de experimentar una guerra corta pero brutal. Claro que la guerra nunca llegó a la capital Tiflis y los georgianos de a pie aparentemente no se han visto afectados por la ilegal e inmoral invasión rusa del 7 de agosto. Y este fin de semana, Tiflis hizo de anfitrión del movimiento conservador global para la reunión anual del Banco Europeo de Recursos (European Resource Bank) del 9 al 12 de octubre.

Los debates de la reunión se centraron en el tema de cómo implementar reformas radicales y qué podemos aprender de anteriores historias de éxito como, por ejemplo, Estonia. Uno de los paneles que versaba sobre el tema "Las reformas requieren algo más que una economía sólida" defendía la idea de que los legisladores de democracias nacientes necesitan proponer una visión moral a la hora de acometer reformas serias y, yendo aún más allá, necesitan acabar con la ideología comunista previamente dominante.

El comunismo y el socialismo han dominado el espacio social, político, cultural y filosófico en grandes áreas del mundo y continúan ganando tracción bajo la equivocada creencia de que sus fundamentos estaban básicamente en lo correcto y que simplemente se ejecutaron de forma incorrecta.

Tom Palmer del Instituto CATO y el primer ministro de Estonia, Mart Laar, fueron sólo dos de los ponentes que propusieron arrolladoras estrategias para legisladores reformistas. Laar puso el énfasis en que los responsables de la toma de decisiones "necesitan tener el valor de hacer lo correcto".

Mucho se ha dicho (y se ha especulado) sobre el presidente georgiano Mijail Saakashvili en la prensa internacional. Pero nadie puede dudar de la trayectoria de las reformas económicas de libre mercado que él ha puesto en marcha en su país desde que fue elegido y los éxitos que éstas han reportado a Georgia.

Tiene, entre los muchos logros notables en esta economía abierta y efervescente, por ejemplo, un sector el bancario muy próspero, un régimen de permisos y visados enormemente generoso y baja presión fiscal tanto para las empresas como para las personas. Esto no sucedió como un hecho aislado sino en concordancia con el compromiso de Saakashvili para que de una vez por todas, su país se libre del comunismo y con la visión de que Georgia se integre a la comunidad euroatlántica.

El primer ministro de Estonia, Laar, bien podría haberse estado refiriendo a Saakashvili cuando habló de los políticos que tienen el valor de hacer lo correcto.
 

©2008 The Heritage Foundation

* Traducido por Miryam Lindberg

Sally McNamara es analista de política europea en el Centro Margaret Thatcher por la Libertad de la Fundación Heritage.

©2014 Libertad.org
* Traducido por Miryam Lindberg