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Alfredo Kid Rubalcaba

Que Rubalcaba, como toda defensa, alegue que hace cuatro años alguien intentó agredirle, muestra cómo el púgil de antaño tiene ahora la mandíbula de cristal.

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Rubalcaba dice que le pegan. Toda su respuesta al alud de críticas sobre su gestión la resuelve aludiendo a supuestos golpes recibidos hace cinco años. Su carrera en el cuadrilátero de la política es dilatada. Hace más de diez años aguantó bien los golpes políticos del caso GAL, y aguantó a los puntos cuando su Gobierno se desplomó entre casos de corrupción y crimen de Estado. Regresó a la política con mayúsculas, a lo grande, hace justo cinco años, entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. En unas horas dejó KO a todo un Gobierno, mostrando su excelente estado de forma y su experiencia en estas lides.

Ahora bien, el tiempo pasa para todos, también para Alfredo Kid Rubalcaba. Hoy, como ministro de Interior, los golpes se le acumulan y es simplemente cuestión de enumerarlos para ver hasta qué punto los casos son los suficientemente graves como para que el héroe del 13-M tenga que tirar la toalla. Al menos hay tres aspectos de su gestión que exigen aclaración total, y que por sí solos justificarían su dimisión, y probablemente algo más.

En primer lugar, está el grupo de escándalos relacionados con los pactos ZP-ETA. Hasta ahora, Rubalcaba ha salido indemne de todo lo relacionado con este turbio asunto, pese a que algunos episodios derivarían en graves responsabilidades de miembros de su Ministerio. Entre los más importantes podemos citar los siguientes: en primer lugar, la actuación de Rubalcaba respecto a la famosa verificación del alto el fuego de ETA. Pese a que los informes de las Fuerzas de Seguridad afirmaban que ETA seguía actuando, y que los atentados callejeros seguían produciéndose, Kid Rubalcaba certificó el alto el fuego en varias ocasiones contra las pruebas que indicaban justo lo contrario.

En segundo lugar, el escándalo también afectó a Rubalcaba en lo relativo a la legalización del brazo institucional de ETA. De nuevo los informes identificaban claramente a los partidos pantalla de ETA con la banda. Pero pese a los informes policiales, Rubalcaba certificó la inocencia de ANV. Y el escándalo llegó al punto de que tras la tregua y tras las elecciones, las mismas pruebas sirvieron para ilegalizar las mismas listas. Contradicción inaudita en un caso que tiene además otra derivada: la del reconocimiento por parte de ETA de que las siglas "ANV" fueron sugeridas por los propios negociadores socialistas.

Pero, sin duda, el episodio más oscuro de la época de la época de los pactos de ZP con ETA es el del chivatazo al aparato de extorsión de ETA, más conocido como el caso del Bar Faisán. Sobre él ha caído una cortina oscura en la que –como no– está de por medio Baltasar Garzón. Aún está por descubrirse quién avisó a ETA de una operación policial, aunque todo indica que se trata de alguien situado muy arriba en la jerarquía del Ministerio. Aquí ya no se trataría de mentir o manipular, sino que estaríamos hablando de graves delitos y claras responsabilidades penales.

Tras los pactos con ETA, otros dos escándalos han golpeado directamente la mandíbula del ministro. El primero, el de la ocultación y manipulación de los datos sobre delincuencia en nuestro país. En éste se repite el modus operandi de la negociación con ETA: los informes de las fuerzas de seguridad son manipulados y mangoneados para su presentación ante la opinión pública indicando justo lo contrario. Este escándalo constituye suficiente motivo para la dimisión de Rubalcaba.

En segundo lugar, el caso de las órdenes ministeriales para la detención por cupos de inmigrantes ilegales. En este caso, las acusaciones hacia el Ministerio de Rubalcaba se acumulan. Las Fuerzas de Seguridad le acusan de interferencia y presiones en su trabajo diario; las asociaciones de inmigrantes denuncian racismo y xenofobia; y desde el punto de vista de los derechos cívicos y del Estado de Derecho, las órdenes de Interior son claramente anticonstitucionales. Otro golpe más a la mandíbula de Kid Rubalcaba, porque también este escándalo conllevaría su dimisión.

Que Rubalcaba, como toda defensa, alegue que hace cuatro años alguien intentó agredirle, muestra cómo el púgil de antaño tiene ahora la mandíbula de cristal. Su imagen se debilita por momentos, los escándalos nuevos se acumulan sobre los viejos, y cada vez se le ve más torpe para defenderse, haciendo fintas cada vez más difíciles de entender, como el caso de su agresión.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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