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Bengasi según Rice

Por los mentideros de Washington se rumorea que la semana que viene el reelegido presidente norteamericano podría anunciar el nombre del próximo secretario de Defensa. Se barajan varios nombres: el senador demócrata John Kerry, el antiguo senador republicano Chuck Hagel (con el que Obama pondría un toque bipartidista), la ex número tres del Pentágono Michèle Flourny (se convertiría en la primera mujer secretaria de Defensa) y el subsecretario de Defensa, Ashton Carter.

El sustituto de Leon Panetta es esperado por amigos y por enemigos de Estados Unidos, pero donde realmente está la atención política estos días es en quién ocupará el Departamento de Estado. En este caso las opciones se reducen a dos: de nuevo John Kerry y Susan Rice, la embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas. Y aquí viene el lío.

Mientras que Kerry cuenta con el apoyo de sus colegas –demócratas y republicanos– del Senado y preside su poderosa comisión de relaciones exteriores, la candidata natural es Rice. Pertenece al estrecho círculo de confianza de Obama; Kerry, no, y además debería abandonar su escaño por Massachusetts, lo que abriría la posibilidad de que la vacante la cubriera un republicano.

Es verdad que Susan Rice cuenta con una amplia experiencia internacional, pero en las últimas semanas le han llovido las críticas por cómo presentó la versión de la Administración norteamericana sobre el ataque en Bengasi, cinco días después de que ocurriera. Hasta tal punto, que Obama ha tenido que defenderla públicamente y de forma vigorosa en dos ocasiones.

Muchos senadores republicanos están dispuestos a dificultar un teórico proceso de confirmación de Rice, porque ponen en duda su aptitud para el cargo. No la responsabilizan de lo ocurrido en Bengasi, pero se preguntan por qué, por orden del presidente, acudió a los programas de televisión y, siguiendo los argumentarios de la Administración, afirmó que el ataque había sido consecuencia de una protesta espontánea por un vídeo ofensivo con Mahoma. Lo cierto es que se trató de un ataque terrorista.

Por si el asunto no estuviera ya suficientemente enredado, Rice –en una decisión poco usual– se reunió con los senadores republicanos más críticos para apartar ella misma los obstáculos que le permitan dar el gran salto en su carrera. Pero fracasó, arrojando todavía más dudas sobre su papel político y revelando sus pocas dotes diplomáticas, tan importantes en un cargo como el que desea desempeñar. Y encima ha logrado que le pidan explicaciones sobre su papel en el Departamento de Estado cuando se produjo el atentado contra la embajada norteamericana en Kenia, en 1998. Además, el exdirector de la CIA David Petraeus declaró hace una semana en el Congreso que desde el principio él supo que el ataque en Bengasi era resultado de la acción de un grupo terrorista. Y aclaró que esa opinión no se reflejó en los informes que preparó la agencia.

Sea como fuere, el sórdido caso Bengasi sigue pasando factura a Obama. ¿Se atreverá a nombrar a Rice?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.