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Cumbres

Déspotas mandan

Si viviremos en tiempos de crisis institucional en Europa, que una de las características principales de su política exterior es el hecho de que las dictaduras y los regímenes menos recomendables de la tierra dominan las agendas de las cumbres y reuniones en las que los europeos participan. Y este mes tenemos dos buenos ejemplos. 

El primero, el de Chávez. El chavismo hace tiempo que dejó de ser un movimiento totalitario en Venezuela para convertirse en un movimiento internacional –en términos marxistas diríamos "imperialista". Con cierta habilidad, el chavismo utiliza las instituciones internacionales –singularmente Unasur– para llevar a cabo un apartheid diplomático contra las naciones situadas en su punto de mira; singularmente contra Honduras, que aún se encuentra diplomáticamente débil tras la reacción internacional a la agresión chapista-zelayista. Habitualmente lo hace dentro del continente, pero en ocasiones lo hace en foros exteriores.

Así, el eje chavista ha amenazado con boicotear la cumbre Unión Europea-Iberoamérica que se celebra los días 17 y 18 en Madrid si a ella se invita al presidente de Honduras, Porfirio Lobo. En esta ocasión, el que acaudilla la banda chavista es el brasileño Lula, que afirma que Lobo no es presidente legítimo. Colombia y Perú –junto con Chile los países más "normalizados" del continente– se han desmarcado de la estrategia, a la que se han sumado Piñera –probablemente de mala gana– y por supuesto Kirchner, Correa o Morales. Honduras ha cedido a la brutal presión, y Lobo ya ha anunciado que no participará en alguna de las reuniones.

En cuanto a España, incapacidad y desinterés de Moratinos para defender el legítimo derecho de Honduras de estar representado con normalidad en la cumbre; ni nuestro país como presidencia de la UE ni el resto de países europeos han mostrado el más mínimo interés por defender a la democracia centroamericana: en la reunión organizada por Europa, el despotismo gana.

El siguiente escenario es la cumbre Mediterránea, a celebrar en Barcelona el día 17 de junio. Aquí los reventadores eran los países árabes, encabezados por Egipto, con la democracia israelí en el punto de mira. Ya lo intentaron con la cumbre nuclear celebrada por Obama en Washington en abril de este año. En aquella ocasión, Egipto y Turquía prepararon una encerrona contra Israel, con una declaración contra el arsenal nuclear israelí –conocido, pero no reconocido oficialmente– que aspiraban fuese apoyada por otros países. Netanyahu abortó la iniciativa turco-egipcia, no acudiendo a la reunión.

En esta ocasión la iniciativa partía de Siria y Egipto, que habían amagado con boicotear la reunión si a ella acudía el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Avigdor Lieberman. La firmeza israelí –a diferencia de la cesión hondureña– abortó los planes, y la Liga Árabe ha confirmado, al menos por ahora, su asistencia a la cumbre. Ahora queda por ver la estrategia que estos países tomen en Barcelona, de la que no cabe esperar nada bueno; la posición de Moratinos, inequívocamente pro-palestina, envalentonará a los reunidos. Veremos.

Ambas cumbres, la Mediterránea y la Iberoamericana, ejemplifican una de las tendencias que caracterizan a las relaciones internacionales actuales: la utilización de conferencias e instituciones internacionales para atacar a las democracias occidentales y a los regímenes liberales. En principio, el acoso lo sufren quienes se encuentran geográficamente más cerca de los regímenes despóticos: Israel y Honduras. Ahora, en el fondo, son y serán los propios europeos, tan pasivos ellos, los que lo acabarán pagando.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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