Nuestros lectores pueden fácilmente leer fácilmente el catálogo de la exposición Dios(es). Modo de Empleo, destinado, cómo no, a los escolares, que mantiene el ya típico esquema "argumental" del laicismo. En primer lugar, una declaración de intenciones tan superficial como amable; la convivencia, el diálogo, el encuentro de culturas, la tolerancia... Fórmulas tan atractivas como vacías de contenido. Porque tales conceptos no son abstractos, sino concretos: ¿Convivencia con quién? ¿Diálogo con quién? ¿Encuentro con quiénes? ¿Tolerancia respecto a quién y respecto a qué?
En segundo lugar, tras el buenismo, el laicismo presenta su verdadera cara; una ideología totalitaria de carácter antidemocrático y antiliberal, impulsada por la izquierda y no lo suficientemente combatida desde la derecha liberal. Ideología que puede resumirse someramente en tres puntos:
Lo hemos dicho anteriormente y no nos cansaremos de repetirlo: bajo el nombre de "laicismo" se está imponiendo en Europa y España una manera de pensar que es esencialmente totalitaria y violenta. Totalitaria porque no admite un espacio de la conciencia humana al margen de lo que el poder político dicte. Violenta porque expulsa de lo socialmente tolerable a todo aquel que piense, crea u opine de manera distinta.
Cierto es que a nadie debe extrañar que Moratinos, que cuenta entre sus amigos con entusiastas perseguidores de la libertad de conciencia, encabece la ofensiva antirreligiosa y antihumanista de la izquierda. Más preocupante es el hecho de que parte de la derecha española calle, la cobije y la ampare, como hace el alcalde de Madrid. El laicismo, además de ser una ideología violenta, es también una tentación relativista. También en la derecha.
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