
Los españoles en nada debemos avergonzarnos de nuestro pasado, de nuestras tradiciones, creencias y cultura. Al contrario, creemos que son un activo a tener en cuenta, y desde luego, creemos que nuestro pasado tiene más luces que sombras
Pensar la historia, la cultura o la tradición española como un problema irresoluble es una peligrosa tentación en la que los españoles de los últimos cien años caen de vez en cuando. Ha sido demasiado común -tanto en la derecha como en la izquierda- pensar que nuestro legado religioso o cultural lastra las posibilidades de nuestro país, tanto en el exterior como en el interior. Lo cual habitualmente lleva a un callejón sin salida: o se desemboca en la frustración y el aislamiento; o en la revolución y el auto odio; o en la huida irreflexiva hacia el exterior como forma de diluir nuestra personalidad. Soluciones todas que estratégicamente han sido y son un fracaso para nuestro país, y que parten de la errónea suposición de que España constituye, por su personalidad cultural o histórica, un problema del que huir.
