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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Orden de marcha

Evidentemente, no será porque los premios Príncipe de Asturias cada año se parecen más a los premios Stalin de la paz, ni porque se haya otorgado el premio concordia a Santiago Carrillo, que nuestros pacifistas guerreros van a sentirse satisfechos.

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La violencia de sus manifestaciones pacifistas, su apoyo histérico a Sadam y a través suyo a otros dictadores, como Castro, sus ataques a locales del PP, sus agresiones e insultos a quienes no comulgábamos con sus gigantescas ruedas de molino, demuestran a todas luces su fanatismo inquisitorial, que puede resumirse en unas palabras sencillas y fundamentales: odian a la democracia. En este ambiente no podía faltar la censura, pero una censura peculiar, no la del gobierno, que mantenía una postura acertada, aunque timorata, en lo que se ha calificado de “crisis iraquí”, sino de los poderes mediáticos, partidistas, y ese molino de viento que tanto asusta: la calle. Yo sé de varios amigos periodistas que han tenido problemas con su dirección por no estar de acuerdo con la línea editorial antiBush, pero de eso nada diré, para no crearles nuevos problemas. Me limitaré a contar algo personal, que aunque nimio, me parece significativo: me llamaron de Cataluña Radio, en marzo, antes de la intervención militar en Irak, para hacerme una entrevista telefónica cuyo arranque se basaba en uno de mis artículos de Libertad Digital. Confirmé, claro, lo escrito, y dos días después me vuelven a llamar para decirme que les había encantado mi intervención y a ver si podíamos repetir con otra entrevista, más larga. Acepté pese a saber que soy pésimo en este tipo de entrevistas telefónicas, pero ¡todo por la causa! Ocurrió que dos horas antes de la cita telefónica me llamaron para decirme que “se había anulado”. “Ya —dije—, veo que la censura iraquí también ha pasado por ahí”. “¡No, no! —se asustaron—, se trata sencillamente de una reorganización del programa, y no anulamos su entrevista, la aplazamos”.

Como eso ocurría en marzo y estamos en mayo y no me han vuelto a llamar, la conclusión es evidente: si a los responsables del programa les gustó mi intervención, los directores de Cataluña Radio nos censuraron tajantemente. Cataluña Radio respeta la libertad de expresión, pero a condición de que todos digan lo mismo.

Es cierto que fuimos una ínfima minoría en esta ocasión, pero yo, y que se me perdone el farol, estoy acostumbrado y a gusto. Habiendo sido durante tantos años a la vez antifranquista y anticomunista. Después de la muerte del dictador y de su dictadura, lógicamente mi antifranquismo se hizo menos virulento, más histórico, digamos, mientras que mi anticomunismo (el enemigo principal, hoy de capa caída) se fortaleció y se amplió a todos los totalitarismos y dictaduras y, sobre todo, al nuevo enemigo principal: el fanatismo islámico. Recuerdo que el verano de 1976 publiqué mi primer artículo en la prensa española, o sea ni clandestina, ni del exilio, “El hombre que sobra”, defendiendo a Soljenitsyn, insultado por la inmensa mayoría, y no sólo por los comunistas. Fue en aquella ocasión que Juan Benet escribió su histórica frase, según la cual, un personaje como Soljenistsyn justificaba el Gulag, de donde jamás hubiera debido salir. Publiqué mi artículo en Cambio 16, y Salas, al parecer muy ufano, me dijo que jamás habían recibido tal cantidad de cartas de insultos. Juan Pedro Quiñonero, que había publicado un artículo semejante en Informaciones (que yo sepa, sólo fuimos dos, exquisita y radical minoría), me contó que él también había recibido su sarta de insultos y afrontado a los amigos que le retiraban el saludo.

Pues voy a meterme en otro berenjenal aún más minoritario, no por capricho, ni por apego al escándalo, sino sencillamente porque es lo que pienso y tengo la suerte de poder expresarlo aquí. Después de la intervención militar aliada en Irak, rápida e inteligentemente llevada a cabo en lo que a las armas se refiere, porque los problemas políticos están por delante, todo el mundo se vuelca en la “solución de la crisis israelo-palestina” y todo el mundo parece aprobar la “orden de marcha” (aquello de “hoja de ruta” no me convence) elaborada por los USA, Rusia, ONU y UE. Pues me parece que ese documento, con su lenguaje militar, tiene de entrada un fallo grave: ignora soberbiamente que se trata de una guerra que dura desde 1948, que ya ha habido infinitas conferencias de paz, y para citar sólo las últimas, las de Madrid, Oslo y Camp David, y la guerra se prosigue. Hacer como si los demás no hubieran encontrado solución, y que, por primera vez, es el dichoso cuarteto quien la tiene y la va a imponer de manera autoritaria (¿cómo?), con sus tres etapas y sus fechas topes, para pasar de una etapa a otra, es por lo menos inverosímil.

La única vez que un acuerdo de paz fue serio fue cuando el presidente egipcio, Anuar el-Sadat, después de una guerra contra Israel, propuso una paz verdadera y se firmaron acuerdos e Israel devolvió el Sinaí y los islamistas asesinaron a Sadat. Punto. Si no se entiende que la mayoría de los países árabes, la mayoría de las organizaciones terroristas que subvencionan (y esto con una amplia complicidad internacional y sobre todo europea) tienen como único objetivo la destrucción de Israel, no se ha entendido nada. Desaparezca como sea Israel y la felicidad reinará en el Próximo Oriente; esto es lo que todos los días proclaman políticos y medios árabes y cada vez más a menudo se dice en los salones políticos y embajadas europeas. Y es lo que todos ocultan. ¿Quiénes constituyen el “cuarteto”?: Rusia, la UE, y más que la ONU, Kofi Annan, quien presidió la conferencia antisemita de la ONU, en Durbán, África del Sur, son todos incondicionalmente pro palestinos. USA menos. Evidentemente, como en todas las conferencias de paz, lo primero que se exige es el cese del terrorismo palestino, el cese de las respuestas militares israelíes a ese terrorismo, la retirada de los israelíes de los “territorios” y la creación de un estado palestino. Para los ingenuos parece razonable, y lo es, pero a condición de olvidarse de que en las negociaciones de Camp David, con Clinton, Barak y Arafat, se llegó incluso más lejos, pero Arafat no firmó (pensando en Sadat), y la única respuesta palestina fue el incremento del terrorismo.

Apenas se ha nombrado a un primer ministro palestino, en principio contrario al terrorismo y partidario de la paz, se reanudan los atentados suicidas, reivindicados por los “mártires” de Arafat. Y Ahmed Yassin, calificado por la prensa de jefe “espiritual” (!) de Hamás, rechaza categóricamente esta “orden de marcha” y anuncia tranquilamente la continuación del terrorismo. Además, en ese texto ambiguo calificado de “orden de marcha” se repite por lo menos cinco veces la exigencia absoluta de un “estado palestino independiente con fronteras provisionales” y uno ve en ese “provisional” el pretexto “jurídico” de mil guerras futuras, ya que el objetivo es la destrucción de Israel. También es cierto que con la liquidación de la tiranía iraquí, y el momentáneo apocamiento de Siria, el momento parece relativamente favorable para nuevas negociaciones de paz. Pero no así, no sin haber establecido bases de negociación más realistas y, sobre todo, no sin haber exigido rotundamente a Arabia Saudí, Irán y otros países árabes que cesen su apoyo al terrorismo, sin detenerse en sus habituales coartadas: no apoyamos al terrorismo, sino a las mezquitas y a las escuelas coránicas. ¿Cuál es la diferencia cuando se ve desfilar a niños de 13-14 años armados y con cinturas de explosivos gritando ¡Viva Alá! ¡Muera Israel! ¡Mueran los judíos!?

A mí ni me indigna, ni me asusta, la idea de un estado palestino independiente, pero independiente también de Arabia Saudí o Irán y con fronteras estables y negociadas y no “provisionales”. Como aún estamos muy lejos de la paz verdadera, ya tendré, desgraciadamente, ocasión de volver a comentar esta larga tragedia. Shalom.



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