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Columna publicada el 02-04-2004
La VIII legislatura ha comenzado, y lo ha hecho con toda la artilleria parlamentaria posible. El nuevo presidente del Congreso en su primera intervención ha marcado las pautas de lo que quiere que sea esta legislatura. Manuel Marín ha dicho que los próximos cuatro años deberán ser los años de la reforma del reglamento de la Cámara, pero especialmente la legislatura del "consenso de la transición". Palabras de Manuel Marín, floreadas y alambicadas, que no están exentas de un viejo romanticismo político pero que chocan directamente no con la estrategia del Partido Popular, sino con las mentes retorcidas de algunos de sus propios compañeros de partido.
Marín clama por el consenso mirando hacia los bancos del PP, pero hacia donde debería mirar es hacia los propios bancos socialistas. Y especialmente hacia Alfredo Pérez Rubalcaba, que se ha encargado de articular un frente de consenso, pero de un falso consenso anti-PP. Esa es la que va a ser (mientras aguante) la gran estrategia parlamentaria del Partido Socialista. Todos a favor de nada en concreto; sólo hay un acuerdo: laminar y demoler al Partido Popular por tierra, mar y aire.
Y esa actitud política, por mucho ruido que se monte tiene un futuro y una eficacia muy limitada. Manuel Marín habla de consenso y de respeto, pero se lo deberá recordar a todos aquellos que agitaron e hicieron agitar a los ciudadanos el día de reflexión. Manuel Marín habla de construir un mundo feliz, pero se lo deberá explicar a aquellos que siguen hablando de asesinos y de golpe de Estado cuando se refieren a los militantes del Partido Popular. Manuel Marín insiste en consenso, pero será conveniente y necesario que se lo recuerde a sus propios compañeros de siglas empeñados en echar leña al fuego político.
Es precisamente en este contexto, donde hay que enmarcar la respuesta del portavoz parlamentario de los populares: Eduardo Zaplana. Zaplana ha recordado a los socialistas que ellos no pueden dar muchas lecciones de consenso; más bien sólo saben hablar de sectarismo, de rodillo y de crispación.
Estas acusaciones, desde el Partido Popular, nos colocan ante una realidad necesaria: los populares están dispuestos a realizar una fuerte oposición desde el "mínuto uno". Este gesto, cuando menos, es representativo de lo que pretenden que sea su propia oposición. Una oposición fuerte y contundentes, sin dejar pasar una y con verdaderos "perros de presa". Desde luego es un primer gesto que al menos parece que se pude traducir con que los populares comienzan a darse cuenta de que ya han dejado el poder. Y la oposición es trabajo, trabajo y trabajo. Sí lo de Zaplana no es un espejismo, el camino emprendido es el correcto y el esperado por millones de electores del Partido Popular.

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