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Columna publicada el 28-09-2001
El debate sobre la pacificación que se ha desarrollado en el Parlamento vasco ha servido para dejar varias cosas claras. Primero: confirmar dónde está cada partido; si alguien tenía dudas, ya está todo muy claro. Segundo: los planteamientos expuestos por el nacionalismo no sólo están trasnochados, sino que también están fuera de lugar.
La impresión, una vez oído lo dicho, es que el nacionalismo sigue anclado en sus permanentes reivindicaciones. Su actitud es como la de aquel que no tiene una visión panorámica del paisaje, por encontrarse a pocos centímetros de un muro. El nacionalismo vasco es incapaz de ver poco más allá de sus obsesiones basadas en la propia supervivencia.
Además, el nacionalismo vasco, escondido en su cueva ideológica, parece incapaz de enterarse de lo que está pasando en el mundo. Y el origen de está en la observación permanente de su propio ombligo.
Los nacionalistas vascos mantienen su “chips” arcaicos y fuera de lugar, atrofiados para percibir que lo ocurrido el pasado 11 de septiembre marca el inicio de una nueva conciencia internacional en la lucha contra el terrorismo. Los nacionalistas vascos mantienen, tozudos, unos objetivos que “suenan” ya a pasados, aparentemente convencidos de que todo pasa en esta vida por la voluntad de los vascos. Los nacionalistas vascos, permisivos con el entorno del terrorismo, siguen pensando que ellos son diferentes y que nadie les entiende. En definitiva, los nacionalistas vascos parecen ajenos a todo lo que está ocurriendo en el mundo, después de los atentados de los Estados Unidos.
El debate sobre pacificación, que hemos seguido en el Parlamento vasco, nos devuelve al pasado. Pero un pasado que ya está fuera de lugar. Las cosas están cambiando, y están cambiando a gran velocidad. Quizá demasiada para una ideología anclada en ideas trasnochadas y caducas. El nacionalismo vasco, además de equivocado en sus planteamientos políticos, en los que mezcla nacionalismo y pacificación, se ha quedado antiguo. Y la enfermedad de la antigüedad es rápida y progresiva. ¡Avisados están!

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