
¿En qué beneficia al pensamiento sospechar al leer la publicidad atea que ellos saben algo que nosotros no sabemos –"probablemente"–, cuando es mentira cochina que tengan información privilegiada?
Lo que no soporto de la publicidad atea en los autobuses urbanos es que se dirá atea, pero se basa en lo mismo que dicen denostar: las creencias sin fundamento (añadan si quieren "científico", palabro que a mí me pone del hígado, pues hoy cualquier imbécil de izquierdas que todo lo más ha estudiado en la escuela de artes y oficios se dice "científico", cuando no "ingeniero social", algo así como lo que se chotean los brasileños de los portugueses: "Portugal, ese país con tantos "dotores" y tan pocos médicos").
Nos avanzan, los ateos en los autobuses, algo que no están en condiciones de avalar. Del "probablemente Dios no existe" lo que no aguanto es el "probablemente". Podrían haber anunciado: "Tal vez Dios no existe" o bien, con algo más de ironía, "Nos ha avisado Dios de que no existe y de que dejemos de preocuparnos y de usar su nombre en vano". Pero no, tenían que caer en la jactancia de la fe satisfecha. En la suya de ateos. Hatajo de insoportables "snobs". Tan de reunión de viudas para tomar el té con pastas en la sede de la "Salvation Army". Quieren salvarnos de la salvación.