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Diada

Los rubianes

Justo después del 11-S el historiador Henry Kamen aconsejó a los responsables políticos catalanes, que son los que toman estas decisiones, cambiar la fecha de celebración de la Diada. No le hicieron caso, como era natural, pero ahora la comparación es inevitable.

En Estados Unidos, el 11-S se conmemoró con dolor y con emoción. Las polémicas sobre las decisiones tomadas por la administración Bush después de los atentados no alteraron el carácter nacional de la conmemoración. Por un día, se deja de lado la discusión para recordar a las víctimas del terrorismo, convertidos desde aquel día en testigos –mártires– de la nación.

En Barcelona, la celebración del once de septiembre se convirtió en algo muy distinto. Ya de por sí resulta curioso eso de elegir una derrota como festejo identitario. Más aún lo es que la plana mayor de los socialistas de Cataluña aparezca ese día asumiendo una derrota que no es la suya, porque el socialismo catalán no tenía ni tiene por qué ser nacionalista. Pero que lo haga reivindicando a Rubianes, el gallego que se hizo antiespañol para congraciarse con sus señores nacionalistas, resulta ya asombroso.

Si los socialistas catalanes querían dar muestra de efusión nacionalista, lo han hecho por partida doble, o triple. Además de participar en la Diada, con su homenaje al gallego antiespañol se insultan a ellos mismos, porque hasta que se demuestre lo contrario, siguen siendo españoles. Y además, nos insultan a todos porque entre los que desfilaron con un hombre que llevaba "Tot som Rubianes!" impreso en su camiseta estuvieron un ministro del gobierno español (Clos), un ex ministro (Montilla) y la vicepresidenta del Congreso de los Diputados (Chacón). Es decir, se declaran rubianes aquellos mismos que representan a los españoles y viven del trabajo de sus compatriotas.

La cosa viene de lejos. Ya desde el siglo XIX una parte muy importante del progresismo español hizo del desprecio a España una de sus banderas. Ha tenido que llegar el socialismo postmoderno de Zapatero para que esa corriente sucia, siempre presente en la mentalidad progresista española, alcance su expresión más repugnante, aquella que vomitó el rubianes original en la televisión gubernamental nacionalista. Zapatero hará historia porque bajo su mandato esa vileza ha pasado a formar parte del discurso oficial de un gobierno de España. La presencia de Clos, Montilla y Chacón en el esperpento del 11 de septiembre no tiene otro sentido.

Hemos visto bajezas morales asombrosas desde el 11 de marzo de 2004. Ahí están la retirada por sorpresa de las tropas de Irak, las mentiras ante la comisión del 11-M o la defensa del supuesto derecho de Irán a tener armamento nuclear. Pero aún hacía falta llegar a esto: que quienes gobiernan España se identifiquen con quien ha insultado, con las expresiones más soeces, al mismo país que gobiernan, es decir a todos los españoles vivos, a todos los que nos precedieron en esta tierra y a todos los que vendrán a la vida aquí.

Sería de esperar que la oposición encontrara las palabras adecuadas para cumplir su deber: convocar a los españoles a contener la marea putrefacta de los rubianes. No todos somos como ellos. Por cierto, que Ruiz Gallardón haría bien en dejar claro que él tampoco lo es ni quiere serlo.