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Oriente Medio

Hay que...

La afluencia masiva de votantes en las elecciones iraquíes, a despecho de los coches bomba y de las amenazas. Su reacción popular de orgullo democrático, con el símbolo del dedo manchado en tinta. Las municipales y presidenciales de la Autoridad Nacional Palestina y el liderazgo democrático de un hombre que inspira confianza a Israel. La reforma constitucional que impulsa en Egipto Hosni Mubarak, que convertirá las presidenciales en un verdadero ejercicio democrático. Las primeras municipales en Arabia Saudí. La revolución pacífica libanesa: ochocientas mil personas manifestándose en Beirut por la salida de las tropas sirias, que cuadruplica la demostración de Hezbolá y es comparable, para la población del Líbano, a una concentración de más de diez millones de personas en España. El alineamiento de Francia con los Estados Unidos presionando a Bashir El Assad... Son algunas de las significativas consecuencias benéficas de la reelección de Bush, pasos iniciales pero irreversibles de un proceso deseado, diseñado y previsto por los vilipendiados neocon. Todos los parámetros para juzgar el contexto y el futuro de Oriente Medio están cambiando por momentos. La prensa europea, y con ella la española, tiene que ir a rastras de los acontecimientos. Cambiar el chip.
 
Empieza ya a preguntarse, por imitación, la izquierda menos atolondrada de por aquí si no tendría Bush razón, después de todo. Esto puede terminar de cualquier manera. Ya verán. Sólo es cuestión de que se acaben de reajustar las coordenadas de lo políticamente correcto con respecto al Gran Oriente Medio, de que los polancos bendigan la fácilmente defendible doctrina de la mundialización de la democracia de Sharansky, para toparnos con lo impensable. Por ejemplo, con Zapatero, Rubalcaba, Llamazares y un nutrido grupo de titiriteros reprochándonos en el futuro el poco empeño que pusimos en defender la campaña estadounidense en Irak y lo duros que fuimos con Aznar. ¿Qué no?
 
Cosas más raras se han visto: miren a los neoantifranquistas con sus coches oficiales, sus fortunas y sus golpecillos de estado portátiles acusando de fachas a los antifranquistas de verdad, esto es, a los que se opusieron a Franco cuando estaba vivo. Cosa muy distinta a encarnizarse con una estatua ecuestre tras cantarle el cumpleaños feliz a un asesino en serie. Porque son los franquistas de verdad, los que medraban a la sombra del dictador, y los que no eran nada y estaban calladitos, o los que tampoco eran nada y le dedicaban canciones, los que se empeñan en leernos la cartilla. Lo dicho: pronto vendrán a llamarnos antiamericanos. Hay que joderse.