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Causas del "antiamericanismo"

Hay un antiamericanismo de izquierda, fomentado durante decenios por la propaganda soviética, cuyo origen y bandera, hipócritamente disfrazados, era el odio a las libertades políticas. O, mejor, el odio a la libertad, sin más, porque el comunismo no se contentaba con negar aquellas libertades, sino que extendía la opresión al campo de la más estricta intimidad personal. No solo negaba —niega, donde subsiste— el derecho a la palabra, a la asociación, etc., sino que exigía la sumisión completa y entusiasta, la identificación mental y sentimental con el sistema totalitario y sus alucinados dirigentes, e introducía hasta en el seno de las familias la vigilancia y la delación entre sus miembros. Bajo el pretexto del "imperialismo yanki", se trataba de destruir todo lo que, penosamente y a lo largo de muchos siglos, ha construido la cultura occidental en orden a la libertad y autonomía del individuo, logros representados en tan alto grado por USA.

Sin embargo, la denuncia del imperialismo como pretexto para otros fines no significa que ese imperialismo no exista. Con motivo de los atentados del 11 de septiembre, los mejicanos han mostrado escasa solidaridad con el gigante del norte. Y no es de extrañar. USA arrebató a Méjico nada menos que la mitad de su territorio en época histórica perfectamente recordable, y lo hizo con la idea, un tanto talibánica avant la lettre, de que una especie de derecho divino amparaba ese despojo, al igual que la inicua guerra del 98 contra España iba amparada en la no menos talibánica doctrina del "destino manifiesto".

Desde luego, la causa de los males que afligen a la sociedad mejicana actual reside en los propios mejicanos, sobre todo en sus dirigentes, y en el sentimiento "antiyanki" o antiuseño ha servido allí de amparo a todas las demagogias y corrupciones. Cierto, también, que la aversión al "yanki" oculta mal una mezcla de envidia y autodesprecio, bien claros en la interminable pugna por "desespañolizarse" e imitar servilmente instituciones y modelos del coloso norteño. Pero, aun con todo eso, suena a disparate exigir a los mejicanos una ardiente identificación con quienes han reducido a la mitad su territorio.

Por lo que se refiere a España, tenemos el recuerdo de la agresión del 98, está la solidaridad natural con los mejicanos y otras víctimas hispanas de la agresividad useña, y está la erradicación del español de Filipinas y la insistencia en hacer lo mismo en Puerto Rico. Está, como resumía con realismo Salvador de Madariaga, que "la URSS aspira a degollar nuestra libertad, y Estados Unidos aspira a degollar nuestra cultura".

La solidaridad española con USA en el momento actual se basa en la común defensa de la libertad y los valores occidentales, pero no puede ni remotamente tener el grado de entusiasmo que la solidaridad inglesa. Por no señalar sino dos cuestiones nada desdeñables, la OTAN no cubre una parte del territorio español, mientras nos exige la defensa del territorio de cualquier otro país miembro. Y somos el único país europeo que soporta una colonia de un destacado miembro de la OTAN, el de la "relación especial" o aliado predilecto de USA. También somos el único país que sufre un terrorismo amparado durante muy largos años por otro de esos peculiares aliados, el cual sigue racaneando al respecto. Alguien podría decir que no es éste el momento de recordar tales cosas. Muy al contrario. Es justamente el momento, ya que se nos pide nuestra solidaridad.