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Hipótesis sobre el 11-M

Dos años largos después del atentado más brutal de la historia de España y uno de los más trascendentales, o quizá el más trascendental, pues cambió por completo la política interior y exterior del país e inició el proceso de destrucción de la democracia establecida en 1978, seguimos sin saber gran cosa sobre sus inductores. Algo chocante, por cuanto todo pareció aclararse en los días inmediatos al crimen, con detenciones policiales muy aireadas en los medios y que resultaron fraudulentas.

Aproximarnos al problema, aun de modo especulativo, exige considerar el cui prodest, a quién beneficia. Esto no implica que el beneficiado sea el criminal, pero nos acerca a él: la mayoría de los crímenes son por interés y los terroristas de forma destacada. La matanza del 11-M buscaba, desde luego, una finalidad política aunque, curiosamente, no sabríamos decir cuál: ¿trataba de castigar, simplemente, a España, o bien castigar al PP y provocar un vuelco electoral en favor del PSOE? ¿Fueron quizá ambas cosas o alguna otra? En todo caso, los beneficiarios más directos han sido el PSOE, el terrorismo islámico y la ETA. Más indirectamente Marruecos, y hasta Francia, contraria a la influencia que España iba logrando en Europa con Aznar. Pero suena muy improbable la autoría de estos dos países.

La hipótesis en principio más probable, la del terrorismo islámico, es también la que intenta oficializarse. Al Qaeda habría castigado a España y al PP por su apoyo a la guerra contra Sadam Husein, y el golpe, por carambola no planeada, habría conducido a la victoria electoral del PSOE. Otra versión caería en la paranoia, pues, ¿cómo podían saber los autores que el golpe repercutiría electoralmente contra el PP, en lugar de beneficiarle agrupando a la población en torno a su gobierno, como había ocurrido en Estados Unidos, por ejemplo? Especulación razonable, pero no tanto en el caso español. Zapatero había prometido retirar las tropas españolas de Irak, lo cual proporcionaría un magno éxito político y propagandístico al terrorismo islámico, convencido de que tal decisión forzaría, en efecto dominó, la retirada de otros países. Sin duda la promesa del PSOE puso a España en la diana, ofreciendo a los islamistas una victoria crucial, además de la venganza por la foto de las Azores. Y la opinión pública española, manipulada intensamente por la izquierda y los separatistas, sin que la derecha en el poder lo contrarrestase, estaría predispuesta a reaccionar a conveniencia de Al Qaeda, en lugar de agruparse en torno al gobierno del PP. Un cálculo nada arbitrario.

Los estrategas islamistas, cuya inteligencia conviene no desdeñar, intentan convertir Irak en un segundo Vietnam, y diversos documentos muestran que consideraban a España –correctamente– el eslabón débil de la coalición dedicada a democratizar Irak. Pensaron atacar a nuestras tropas en aquel país, pero no lo hicieron, y trasladaron el escenario del ataque a la propia España, leve retoque de la idea inicial. En fin... No hay seguridad de que los planes islámicos incluyeran el cambio de gobierno en España además del castigo a los infieles, pero la idea no es paranoica, sino perfectamente lógica, al menos desde la oferta de Zapatero.

Y la matanza, sean cuales fueren sus planteamientos, colmó todas las posibles expectativas de los asesinos, salvo la del efecto dominó, gracias a la entusiasta colaboración política del nuevo gobierno español, que llegó a exhortar a los demás países con tropas en Irak a retirarlas también. En cualquier democracia seria esa colaboración habría hundido a sus autores, pero apenas ha tenido coste para el PSOE, porque éste ha logrado convencer a una masa de la población de que, en definitiva, los terroristas tenían sus razones para masacrar a los españoles en represalia por el derrocamiento de Sadam. Además, los socialistas disfrutan en España de una oposición inane, incapaz de denunciar la evidencia. La hipótesis islámica parece, por tanto, la más probable... y la más conveniente para el PSOE.

Yo mismo la di por segura, hasta que las investigaciones de Luis del Pino y El Mundo la han puesto muy en cuestión. Pese a las apariencias, el atentado dista de seguir los cánones de Al Qaeda, hay muchas lagunas en las explicaciones, y parecen claros los intentos de manipulación de pruebas y suministro de pistas dudosas por parte de un sector policial. El empeño en orientar con tales métodos a la opinión pública hacia el terrorismo islámico da qué pensar, por lo menos.

En cuanto a la hipótesis de la ETA, manejada inicialmente por el PP, el terrorismo nacionalista vasco ha salido tan beneficiado como el propio terrorismo islámico, al abrirse un proceso de arreglos con el gobierno sobre la base de la liquidación de la Constitución española. A la ETA le interesaba tanto golpear al PP, que la estaba acosando cada vez más duramente, como favorecer al PSOE, con el cual llevaba tiempo en relaciones clandestinas mientras Zapatero fingía adhesión al Pacto Antiterrorista. Pero no le convenía actuar directamente, y menos aún revindicar la masacre, pues entonces el PP ganaría las elecciones por goleada, a pesar de su inepta campaña electoral.

También pudo, en principio, haber un acuerdo entre los terrorismos islámico y nacionalista vasco. Las investigaciones periodísticas han expuestos indicios considerables de tales relaciones y aumenta la sospecha ante declaraciones como las de Dezcallar, director del CNI cuando el atentado, afirmando que la ETA y el terrorismo islámico son "como el agua y el aceite", imposibles de mezclar. Tal afirmación es simplemente falsa, y asombrosa en boca de quien la pronunció. Se trata de dos organizaciones asesinas, que comparten el objetivo clave de destruir la democracia y la unidad de España, y vienen actuando desde hace tiempo en nuestro país. Lo inverosímil sería la inexistencia de algún lazo entre ellas. El interés oficial en negar toda relación entre los dos terrorismos llama la atención. No prueba que la relación exista, pero aumenta el interés de la investigación al respecto.

De estas oscuridades han surgido especulaciones populares, como que la ETA tendría en un puño a Zapatero, obligando a éste a doblegarse a sus exigencias, pues de otro modo le hundiría descubriendo la verdad. Algo improbable. La colaboración política con la ETA, con las dictaduras, con el terrorismo islámico, no es algo a lo que el gobierno se vea forzado. Proviene con plena lógica de la ideología gubernamental.

Ni la hipótesis del terrorismo islámico ni la de la ETA, o la de una combinación entre ambos pueden descartarse plenamente, hoy por hoy, pero aparecen algo debilitadas. Queda la del PSOE, o un sector de él. Después de todo, ese partido fue el principal beneficiario de la matanza. Muchos hemos considerado inconcebible la hipótesis, pero ella no deja de ir cobrando cierta consistencia: el hecho de que la supuesta célula local de Al Qaeda se parezca tanto a una célula de confidentes y delincuentes controlados por la policía –por algunos policías–, sumado a la extraña actuación de esos policías en relación con las pruebas y con la instrucción del sumario; o las recompensas recibidas del gobierno por varios de ellos, incluido uno que orquestó luego las detenciones ilegales del caso Bono; o los recientes chivatazos a la ETA desde organismos policiales, obviamente por órdenes; amén de otras muchas "rarezas", expuestas con detalle por Luis del Pino. Todo ello resulta por lo menos insólito. Así como las urgencias de la fiscal y del PSOE por cerrar el caso cuanto antes y como sea.

Con estos indicios –no pruebas–, las sospechas toman unos rumbos alucinantes. Suena increíble que un partido democrático pueda llegar a esos extremos. Pero olvidamos con demasiada premura que el PSOE organizó una verdadera marea de corrupción y terrorismo de estado o, más propiamente, de partido en el poder. Olvidamos que nunca creyó haber perdido con justicia el poder y que nunca se retractó de sus fechorías, sino que intentó vengarse persiguiendo con saña mafiosa a uno de los periodistas que más contribuyó a descubrirlas. Olvidamos la forma en que premió al terrorismo islámico poco después del 11-M. Olvidamos sus tratos con la ETA sobre las tumbas de los asesinados por ella y a costa de la ley y del estado de derecho. Por no hablar de su historial cuando el partido se proclamaba marxista y organizaba la guerra civil y continuos asesinatos, de lo que nunca se ha retractado tampoco. No encuentro por ello ninguna razón moral que impidiera a un sector del PSOE organizar o inducir el atentado. Sí hay una razón, de orden práctico: los jefes socialistas no se arriesgarían a una provocación tan extrema, sabiendo que antes o después estas acciones salen a la luz. Este argumento convence más, pero también es cierto que quien saquea los fondos públicos u organiza actos terroristas también espera salir con bien de ello.

No quiero decir, naturalmente, que haya sido así, pero la hipótesis no puede descartarse y debe investigarse. Digámoslo de otro modo: ¿pudo haber sido el PSOE? En mi opinión, sí, desde luego. ¿Lo fue, en realidad? No lo sabemos, y ojalá no lo haya sido. Pero la sociedad necesitaría tener la certeza.

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