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PP

Ideas fijas

En los análisis que haga el PP sobre las elecciones no faltará la idea de que el error decisivo consistió en haber perdido “el centro”, a causa de la decisión de apoyar la guerra de Irak. Con esa decisión, Aznar se habría distanciado de la opinión pública y caído en el “aislamiento de la Moncloa”. Este punto de vista me parece inútil porque la corrección del supuesto error es imposible. A mi juicio, el error estuvo más bien en no haber explicado adecuada y machaconamente una decisión tan arriesgada, una vez se tomó. En no poner a la defensiva a quienes apoyan o son indiferentes a guerras mucho más sangrientas, pero rechazaron ésta por aversión a la democracia y a Occidente, para ellos sinónimo de “imperialismo”, como afirmaba la propaganda soviética ¡todavía tan efectiva! En estas cuestiones lo peor es quedarse a medias, y el PP no sólo se ha quedado a medias, ha trabajado contra sí misma. Las televisiones oficiales y los medios afines mantuvieron sobre Iraq e Israel, entonces y en todo momento, una línea desinformativa prácticamente igual a la del PSOE.
 
Como observaba Rodríguez Herrera en su Carta abierta, el gran déficit del PP ha sido la batalla de las ideas. Al parecer predominan en su seno quienes creen suficiente la política, y esperan que la gente se convenza por el balance técnico de una gestión. Un buen balance político es, por supuesto, indispensable, pero no suficiente, como sabe la izquierda desde tiempo inmemorial. Lo primero que hizo el PSOE cuando llegó al poder, recuérdese, fue precisamente instrumentalizar la televisión en pro de su visión de la historia y de la sociedad actual, basada en muy buena medida en la teoría de la lucha de clases. Y su propaganda ha calado tanto que la misma derecha la ha aceptado en parte, y jamás le ha opuesto una crítica clara y resuelta, salvo en círculos restringidos.
 
Un amigo me ha hecho notar cómo, en general, la izquierda ha ganado las elecciones cuando la participación ciudadana ha sido alta. Esto significa que una gran masa de población puede ser poco afecta al PSOE o a los partidos nacionalistas, pero en ningún caso votará al PP. Puede renunciar a veces, por asqueo, a votar a la izquierda o a los nacionalistas, pero no transferirá su voto a la derecha nacional. Y no lo hará porque una propaganda martilleante, a lo largo de casi treinta años, ha grabado en su mente algunas ideas fijas sobre la derecha: ésta representa a los ricos, a los pijos, es “anticatalana”, o “antivasca”, incluso antiespañola, porque su patriotismo residiría en su cuenta bancaria, estaría vendida al imperialismo yanki, y nunca habría dejado de ser “facha”.
 
Demasiados millones de personas están influidos por esas ideas fijas, a las cuales contribuye también cierta versión demagógica del catolicismo. Siendo así, por muy bien que lo haga el PP siempre será mirado con sospecha, y ningún error le será perdonado, mientras que al PSOE le ocurre lo contrario. En consecuencia, la derecha sólo podría gobernar cuando los fallos de la izquierda fueran tan grandes que desanimaran de votar a sus simpatizantes. Mala perspectiva, porque históricamente y ahora mismo, la izquierda ha demostrado su talante antidemocrático y su proclividad a la violencia.
 
Según algunos, se trata de “un hecho sociológico” inevitable, con el que habría que contar. Pero ese hecho sociológico no tiene nada de irreversible, si se entiende dónde está su raíz. Y su raíz está mucho menos en la masiva difusión de las ideas izquierdistas que en la falta de respuesta adecuada a ellas. Creo innecesario poner ejemplos. Este fallo, al revés que el apoyo a la guerra contra Sadam, sí puede corregirse en el futuro.
 
No sabemos si ahora van a cambiar las cosas. Quizá prevalezca en el PP el análisis contrario, el argumento de que la batalla de las ideas perjudica, “crispa” la situación y asusta al “centro”. No me extrañaría nada. En todo caso, si sucede de otro modo, dicho partido se encontrará con que el fruto de estos ocho años, casi totalmente desaprovechados en ese terreno, será una drástica reducción de las posibilidades de llegar a la población: el “invierno mediático” previsto por Jiménez Losantos. La izquierda no va a tener la timidez ni los escrúpulos del PP a la hora de adoctrinar a las masas. La corrección, aunque muy necesaria, va a exigir un gran esfuerzo.

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