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Ataque a Londres

Los amigos del presidente

No parece probable que el gobierno de Blair responda a los atentados de Londres de la misma forma que nuestro desdichado presidente, es decir, premiando a los criminales y dejando a los iraquíes a merced de los mismos carniceros que masacraron Madrid. No parece probable que Blair vaya a recibir felicitaciones de ningún “egipcio” por comportarse “ejemplarmente” según el criterio de los terroristas. Tampoco parece probable que el pueblo inglés vaya a reaccionar culpando a sus gobernantes y dando la razón a quienes propugnan la complacencia con los asesinos.
 
Una de las razones de estas diferencias entre España e Inglaterra está en el valor con que Blair defendió sus posiciones en el momento crucial de la guerra contra Sadam, tan en contraste con la cobardía de la derecha española entonces. Pues de aquella infame mezcla de cobardía y oportunismo que sólo esperaba un rápido fin y olvido de la guerra, ha nacido todo el desastre posterior. La política española, desde entonces, apenas ha rebasado, por un lado y otro, el nivel de maquiavelismos aldeanos.
 
Porque el problema no está, como se dice a veces, en que nuestro lamentable gobierno actual haya nacido de un atentado de Al-Qaeda. El problema está en que ese gobierno justifica las tesis de Al-Qaeda, se niega a luchar contra el terror y, por el contrario, se ha convertido en auténtico cómplice de él, como revela su actitud no sólo frente a los islámicos radicales, sino frente a ETA. El amistoso acuerdo entre ésta y el actual presidente nos van a traer “la paz” pese a quien pese, es decir, pese a las víctimas más directas y a las normas constitucionales. Después de estar acorralada, la ETA ha vuelto a marcar la agenda de la política española gracias a la inapreciable colaboración de la Moncloa. Y ello no se debe a ninguna ingenuidad del gobierno. Proviene de su ideología fundamental.
 
Los atentados de Londres revelan una vez más la vulnerabilidad del sistema democrático ante enemigos fanatizados y sin escrúpulos, vulnerabilidad nacida no sólo de la capacidad de acción de los terroristas, sino, más todavía, de las reacciones de sumisión que provoca la violencia, y de la disposición a traicionar el sistema por parte de diversas corrientes políticas.
 
He visto en foros de Internet interpretaciones del fracaso de Madrid y del éxito de Londres en torno a las olimpíadas. Las amenazas de la ETA sin duda han desempeñado un papel, máxime cuando el gobierno español favorece a los pistoleros. Y recordaba alguno la lista de amigos que se ha ganado el actual presidente. No recuerdo la lista entera, pero se componía de personajes realmente ejemplares: Arafat, Carod, Chaves, Fidel Castro, Sadam Husein, Otegui, Ibarreche, Maragall, El egipcio, Zerolo, Giscard d´Estaing, Mohamed VI… Eso resume la cuestión. A todos ellos ha venido colmando de favores el tío de la sonrisa. No hace falta decir a costa de qué.