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Izquierda

Los lujos de Carmen Rigalt

Doña Carmen Rigalt ha criticado severamente a quienes ponen en solfa los lujos de la izquierda, y más en relación con la triunfal huelga general del 29 de septiembre. Porque, asegura, el lujo es hoy "algo cotidiano, como unos zapatos o unas gafas de sol". Está claro que para Toxo, Méndez, la Chacón, la Vicevogue y tantos izquierdistas más, los lujos, trátese de una chocita en el Caribe, un crucero de placer o comidas en restaurantes caros, serán de lo más cotidiano, suerte que tienen; pero cabe la sospecha de lo sea un poco menos para los cinco millones de parados y para los otros millones de mileuristas, aunque puedan comprarse algunos zapatos y gafas de sol.

Afirma también doña Carmen que esas anécdotas lujosas de la izquierda no suponen una "categoría ideológica", y que quienes tal pretenden "sufren una calentura mental". Sea esa calentura lo que fuere, una anécdota deja de serlo cuando se repite demasiado, y además no está reñida con la categoría. En otros tiempos, cuando los líderes socialistas se desplazaban a dar un mitin en una población lejana, solían viajar en primera, y cuando el tren se acercaba a la estación pasaban a la tercera clase para saludar desde la ventanilla a sus entusiastas seguidores. ¿Era esto una anécdota o una categoría? Depende de cómo se mire, pero en cualquier caso la una cosa no está reñida con la otra.

La izquierda siempre ha criticado sañudamente a la derecha por su afición al lujo, el cual solo podía provenir de la explotación de los trabajadores. Y he aquí que esa afición la comparten los líderes sindicales y políticos de izquierda. ¿Debemos suponer que en este caso los lujos no proceden de la explotación, sino que son los trabajadores mismos los que, agradecidos por sus grandes servicios, les ofrecen de buena gana el dinero suficiente para que disfruten de la vida? Probablemente doña Carmen Rigalt piensa que tiene que ser algo así, pues de otro modo no se explica.

Y como no se lo explica, solo puede atribuir a mala fe la crítica a los tan distinguidos gustos de los líderes progresistas. Es más, no le extrañaría nada que, además, esos críticos impresentables hubieran anunciado "pisos en las vallas de los extrarradios durante el tardofranquismo". Actividad esta execrable do las haya, porque aquellos pisos, que los obreros adquirían en condiciones de pago bastante mejores que las de los años recientes, eran utilizados por el franquismo para aburguesar al proletariado y apartarle de sus obligaciones revolucionarias, o por lo menos de hacer huelgas generales como la que acaban de servirnos los jefes sindicales y socialistas. Estoy seguro de que después de esta huelga aumentará la gratitud de los trabajadores y aquellos jefes podrán disfrutar de más lujos todavía. Bien merecidos, por cierto.

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